Abrazos

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Los largos, para despedirse. Los que te acarician la espalda después del llanto o te abrigan durante. Esos que te rodean el cuerpo con una mano, y ponen la otra sobre tu cabeza. Los apretaditos que no dejan hueco para esconder las ganas.

Están los abrazos de los que aún están y los de los, que aún estando, ya no están. Los de esos que han pasado a ser las amistades desaparecidas que escribe Javier Marías, y que quizás el tiempo se encargue de poner en otro lugar.

Están los que das por última vez, aunque tú no lo sepas, y que ya no recuerdas porque uno no da valor a los brazos que aún tiene. La morriña viene después, cuando sólo puedes imaginarlos.  Sigue leyendo

Cumplir las normas

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Uno de los recuerdos que guardo intactos de cuando era pequeña, es la muerte de mi abuelo. Se murió diez días antes de que naciese mi hermano. Yo tenía siete años.

Como siempre que había problemas en casa, mis padres me apartaron del foco del dolor. Recuerdo llegar a casa después de que pasase todo, después de que lo hubiesen enterrado. Es la única vez que he visto llorar a mi padre. Recuerdo las sillas dispuestas contra la pared, haciendo un círculo en el salón. Recuerdo ser una niña y no encender la tele, no porque alguien dijese que no podía hacerlo sino porque sentía que el silencio era demasiado serio como para romperlo. Recuerdo que esa tarde la abuela me explicó cómo se formaban las estrellas. En la cocina de su casa, mientras me hacía un bocadillo de Nocilla como si fuese un día de fiesta, me explicó lo importante que era para los barcos que el cielo no se apagase.  Me dijo que ahora el abuelo era una estrella, que había tenido que irse rápido para que un barco pudiese llegar a puerto, y que  si lo echaba de menos no tenía más que decírselo y las dos esperaríamos a que se hiciese de noche para ver la primera que iluminase el cielo brillando más que las demás. No me dijo que ella también sería un día estrella y que yo suspendería Astronomía en la facultad. Sigue leyendo

El rayo verde

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“Cuando somos jóvenes lamentamos no tener una mujer, cuando nos hacemos mayores lamentamos no tener a la mujer”, Cesare Pavese.

Lo confieso, por si a estas alturas alguien no se había dado cuenta, soy una cursi. Hago fotos a las parejas mayores que pasean agarradas de la mano. Los veo frente a mí, y soy capaz de imaginarme su vida y la mía no vivida. Miro sus caras, la expresión tranquila de quien maneja los silencios con gusto al lado de alguien, el gesto encorvado del tiempo pesando justo ahí, el pelo cano. El paso acompasado de dos que no tienen prisa en quererse, que no temen caminar lento. Sigue leyendo

Lo normal

Equilibrios sobre el miedo

Fotografía de Margarita Gutiérrez Romero.

Superprimo y yo, nos turnábamos para dormir en casa de la abuela. Ella no quería dejar su casa, y a mi madre y mi tía les preocupaba que durmiese sola, así que Superprimo ocupaba el otoño-invierno y al llegar la primavera, cogía yo el relevo.

Cuando cumplí dieciséis años, la abuela empezó a tener más miedo conmigo que sola. “Se entran na casa e lle fan algo a nena, non mo perdono na vida”. Eso fue lo que hizo que accediese a venir a dormir a casa. Compartimos mi habitación durante unos años, los años en que yo empezaba a salir de noche, y siempre me la encontraba haciéndose la dormida en la cama de al lado. Sigue leyendo

Lo que ha dejado mayo

Foto de Michael Rougier

Foto de Michael Rougier

¡Aquí está de nuevo la sección intermitente!

Tengo que hacer algo con esta sección. Lo sé. Debería marcarme un día al mes y publicar esas cosas que veo o leo y que quiero obligaros a que veáis, ¡YA! Porque si no las veis quizás os pase algo malo, os sintáis seres incompletos y tremendamente infelices o no podáis respirar. Este blog está hecho también eso, para dar la tabarra sobre las cosas que veo y me apasionan. Sigue leyendo

Hombres que abrazan por la espalda

Algunas de las escenas que más me gustan del cine son sólo imágenes acompañadas de música, pero sin una sola palabra. Como el final de Cinema ParadisoIo sono l’amore en el que Emma, en su frenética carrera por salir de esa casa y huir de una vida que no es la suya, se detiene ante su hija hasta que ella mueve suavemente la cabeza dando su aprobación.

Una de mis favoritas, es esa escena de Drive en la que Ryan Gosling hace ese gesto con el brazo, y pone su cuerpo delante del de Carey Mulligan, cuando ve el peligro en ese ascensor. Solo es un gesto sí, pero poco más con menos. Como esos abrazos por la espalda, sin que el peligro sea ni siquiera imaginable.

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Esta ronda la pago yo

Nos tendrán en común

LLena de nuevo las copas que esta ronda la pago yo. Pregúntales qué quieren tomar y no les disuadas por el precio, que hoy estoy generosa. Que buscamos gente que sepa volar pisando suelo, que extraño a gente que aún no conozco y que estoy dispuesta a encontrarles aunque sea pagando otra ronda, así que corre la voz. Sigue leyendo

Al menos, que la risa sea nuestra

Que la risa sea nuestra

Nos reímos. Lo hacemos juntos porque, a diferencia del llanto, la risa parece necesitar de al menos dos. Nos reímos porque es necesario sobrevivir a las portadas de los periódicos, porque hay que aflojar una realidad que, de no hacerlo, ahoga.

Nos reímos y la risa libera endorfinas en el cerebro con un efecto parecido al de la morfina. Quizás la risa sea ese medicamento natural que el cuerpo segrega cuando lo que duele no es algo físico. Quizás por eso, cada vez que nos hacemos mayores, nos reímos menos pero lo necesitamos más. Sigue leyendo

Campos de tierra

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Esta semana leí en EL MUNDO un artículo sobre cómo Unicef ensaya, en Sudán del Sur, un programa de fútbol que, además de tratar de trasladar los odios y rivalidades del país solo a los terrenos de juego, les permite hacer un censo de niños escolarizados, de manera que se mitigue así el tráfico de menores, común en el país desde que surgió el conflicto armado.

El día de la final del torneo, todo lo poco que tenían los chicos se lo gastaron en peluqueros. Hasta seis saltaron al campo del Centro de Protección de Civiles descalzos, con las sandalias de plástico en la mano para no perderlas  y con las equipaciones hechas trizas, pero peinados como Balotelli. Sigue leyendo

Mi vida sin ti

image1(1)Te he visto acariciar a todo el mundo y saber lo que callar para que todos estuviesen bien.

Te he visto descontenta con tu vida, pero jamás te he visto rendirte.

Te he visto agarrada de la mano de papá mientras las dos callábamos los miedos, por miedo al miedo de la otra. Te he visto mirarle cuando te decía: «Morena, eres el amor de mi vida», y hemos llorado juntas mientras lo recordabas.

También te he visto querer odiarle y no poder. Sigue leyendo

Tenemos por lo que luchar.

Elliott Erwitt

Foto de Elliott Erwitt

A veces lo busco y no lo encuentro. Dicen que es exactamente así, que aparece cuando menos te lo esperas. Como lo hacen las gomas del pelo o las llaves, en el bolso donde has buscado más de mil veces o en el bote de las monedas escondido en la último estante de la cocina. Sigue leyendo

La gente se salva sola.

Foto de Thurston Hopkins en Getty Images

Foto de Thurston Hopkins

En uno de esos días en los no se conformaba con dejar el tabaco y quería cambiar su mundo, le propusiste salir a correr dos veces por semana. Creías que sería bueno que se comprometiese contigo en algo, pensaste que sentirse mejor le haría estar bien. Sabías cómo te miraba, veías en sus ojos esa mirada condescendiente que en él no era más que el velo pudoroso con el que cubría la admiración, así que aceptó por ser tú. Sigue leyendo

Las llamadas perdidas.

Alfonso Casas_whatsapp

Ilustración de Alfonso Casas

Echo de menos en los teléfonos, algo inteligente de verdad. Un apartado donde se reflejen todas las llamadas que no te hacen y las que te has acostumbrado a no hacer.

Mejor. En vez de un apartado, deberían los gurús de lo telefónico enviar una alerta con cada mensaje de whatsapp recibido. Algo así como: «Tu amigo ha pensado en llamarte por teléfono para pedirte los quinientos euros que le debes desde hace meses pero ha preferido enviarte este mensaje».«Tu ex ha pensado en llamarte para recoger las cosas que todavía tiene en tu casa pero le faltan cojones, cosa que a estas alturas no es ninguna novedad». «Este aviso es irrelevante, porque ya sabes que los mensajes a partir de las tres de la mañana significan todo eso que no dicen». Sigue leyendo

Lo que os importa una teta.

Miroslav Tichy

Fotografía de Miroslav Tichy

Me gusta la ropa. Vestirme es para mí una manera de reflejar mi estado de ánimo. Me divierte, es como un baile de disfraces de mí misma al que lo único que le falta son más armarios, un zapatero más grande o más ocasiones para ponerme eso que me he comprado no sé cuando para un por si acaso.

Me visto en función de cómo me siento. A veces más fuerte, más segura y otras como una niña. Unos días más poderosa con diez centímetros en los tacones, otros en cambio me gustaría ser  invisible y poder hacerlo todo, sin interactuar con ningún otro mortal. Soy todas esas cosas e incluso puedo serlas todas en el mismo día. Sigue leyendo

Volver a estar sola.

Casa en Islandia

Llevaré impreso el trayecto que va desde la salida 541 de la autopista hasta allí. Lo alternaré entre el salpicadero y el asiento del copiloto, junto a una libreta de tapa dura que arrastro de viaje en viaje, de libro en libro y donde apunto listas de películas, canciones o ideas sin ningún orden, hasta convertirla en un batiburrillo que va de un tema a otro. Igual que yo.

No habrá cobertura, tampoco 3G, así que antes de dejar la autopista habré hecho las últimas llamadas. Apagar el teléfono y volver a lo que cada uno es, sin adornos ni posturas. Sentirse solo como antes, como ahora pero sin todo ese ruido que parece acompañarte a todas partes. No necesitar compartir lo que se piensa o lo que se ve en ningún muro. No mirar más que la luna donde otros solo ven el dedo. Volver a cuando tu opinión parecía no importarle a nadie, tampoco a ti. Ir allí donde nos juzgábamos con menos vehemencia pero más eficacia. Volver a cuando éramos menos cínicos. Volver a ser lo que éramos, con esto que somos ahora.

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Los finales siempre traen principios.

Gregory Thielker

Pintura de Gregory Thielker

Si tuviese que poner un sonido a un final,  sería silencio. Un enorme silencio de redonda.

Los finales siempre traen silencio, ponen la sordina al bullicio y dejan que el silencio te azote. Silencio que ayuda a pensar,  silencio sonoro que ilumina la ausencia. Un silencio espeso e incómodo. Sigue leyendo

Los asesinos de mujeres

Karmelo Iribarren

Poema de Karmelo Iribarren

Cruzan pasos de peatones igual que tú, con el muñequito en verde. Trabajan en el bar de la esquina, en la gestoría que lleva los papeles a tu empresa o son miembros del consejo de administración de una multinacional. Celebran los cumpleaños de sus hijos y llenan de sonrisas los álbumes de fotos para azucarar los futuros traumas adolescentes. Compran flores, el periódico y suben pan fresco y cruasanes. Sigue leyendo

Instrucciones para olvidar a un ex.

Lavadora

Ilustración de el libro de Rebecca Beltrán “Pasa página: Cuaderno de actividades para olvidar a tu ex”.

Deje que él cierre por fuera. Ahora, vaya hacia la puerta, como en esas películas míticas de los años cincuenta y déjese caer a sus pies como si fuese la mismísima Natalie Wood en Esplendor en la hierba. Hipe, haga aspavientos como si estuviese al borde del colapso. Levántese despacio, empapada en drama, y sin dejar de llorar golpee algún objeto al que no le tenga demasiado aprecio. Si el objeto es de él, mejor. ¡Hágalo! ¡Fuerte! Sigue leyendo

Cambiar el yo por nosotros.

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Milagros no la reconoció inmediatamente, lo hizo  mientras la observaba  entretenerse entre las estanterías de su tienda. Iba acompañada de una amiga. Había seleccionado un par objetos que puso sobre el mostrador y sacó de la cartera un billete. Milagros la miró y le dijo: ” Ese dinero aquí no sirve”. Ella metió la mano de nuevo en la cartera, sacó otro billete igual y puso los dos encima de la mesa. ” ¿No me has oído? Aquí tu dinero no sirve!- le repitió visiblemente más nerviosa. Agarró  los billetes y los tiró todo lo lejos que pudo.  La chica se agachó a recogerlos y la miró desafiante mientras salía por la puerta. Milagros tiene una tienda en Vilagarcía de Arousa, la clienta era la hijastra de Laureano Oubiña uno de los narcos más conocidos del litoral gallego. Sigue leyendo

Lo poco que sé de la vida.

Joel Meyerowitz_Provincetown

Provincetown_ Joel Meyerowitz

No sé nada o casi de la vida. No sé donde van a parar las cosas que no dices, ni los planes que no se convierten en nada más. Nunca sé qué decir ante un regalo y no sé por qué tengo miedo a las alturas. No sé ser protagonista en ningún sitio más que aquí. Sigue leyendo

Septiembre.

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Debería empezar por apuntarme al gimnasio, darme de baja en el gimnasio, hacer ejercicio dentro o fuera del gimnasio. Debería comer menos, debería comer más, debería comer más sano. Debería tomar las riendas de mi familia más a menudo, debería no echarme sobre los hombros los problemas que, no solo no han llegado sino que nadie sabe siquiera cuándo llegarán.

Debería estar más tiempo solo, debería estar más tiempo con gente, debería estar menos tiempo con gente que solo me hace sentir más solo. Debería ir al teatro. Debería leer más, leer mejor. Conformarme. No conformarme. Debería temblar. Sigue leyendo

A las simples cosas las devora el tiempo.

Diego y Amparo

Amparo y Diego.

Cuando perdió a su padre aún no había dado las vueltas necesarias alrededor del sol para merecerlo. La muerte siempre es injusta, pero lo es más cuando el que se va deja a alguien aquí que depende de él.

No tuvo opción de ser niño. Tuvo que aprender que la vida a veces cambia en un instante, un instante normal y que esa misma normalidad es la que hace que aceptarlo sea mucho más difícil. El puto lado más cruel de la vida no habla contigo, no te avisa, no te dice “Despídete ahora, aprovecha!”. Sigue leyendo

Te volverá a pasar.

Te va a pasar

“Desde entonces procuro defender/ las noches en mi casa,/ los barcos sin bandera,/ los inviernos con sol/ y las dudas que acaban resolviéndose/ en la última página”,  Luis García Montero.

Te volverá a pasar, lo perderás todo. No tendrás fuerza para nada más que para cambiar la cama donde antes querías cambiar el mundo. La vida llamará a la puerta y tú saltarás por la ventana.

Dolerá, y lo hará mucho. No servirán las frases de Paulo Coelho, ni los textos de Jorge Bucay. Aprenderás que el dolor, ese que aparece para no dejarte respirar un martes a las cuatro de la tarde, solo lo cura el tiempo y la terapia. Aceptarás que no todo es tan fácil, que a veces los huesos no aguantan el peso y te dejarás caer. Sigue leyendo

Lo que ha dejado Julio.

MusicParen las rotativas, vuelve la sección intermitente!. Este mes he leído como si tuviese que levantar mi media anual y he visto menos cine/series, aunque no lo parezca en este post.

He comenzado las vacaciones con cuatro libros para el mes de agosto, ya veremos como acaba. Esto es lo que ha dejado mi julio y me apetece compartir. Sigue leyendo

Bendito asesino de la primavera.

Formentera

Formentera

Eres el niño grande al que espero impaciente desde hace meses. Siempre vestido de corto, con la camiseta blanca rota y la barba cuidada descuidada.

Traes los pies descalzos y pisas sin miedo el calor que guardan las baldosas de esta terraza al caer la tarde. Llevas la piel de un oscuro alegre  y me regalas una para mí. Me haces sentirme guapa y al mirarme me escribes un te quiero que suena en silencio. Sigue leyendo

A qué hemos venido.

Je suis Charlie Hebdo

Je suis Charlie Hebdo

“No hay pueblo que no se haya creído el pueblo elegido.”- Milonga del moro judío, Jorge Drexler.

A veces veo cosas que me asustan y cuando me asusto creo que sería mejor callar, no molestar. Ser dócil. ¿Por qué decir eso que te molesta si sé que te molesta?. Solo cuando dejo de tener miedo pienso si la vida será eso. Vivir con miedo a que lo que yo haga, a ti te duela. Sigue leyendo

Creer y no creer, esa es la cuestión (II).

Escalera de IncendiosSeptiembre llega y te obliga a aceptar el pulso. Saluda a los presentes. Dobla con cuidado los recuerdos más dulces,mete en el neceser los tarros de cristal llenos de momentos de inadvertida felicidad y un buen número de tarros vacíos con las sensaciones agradables que te ayudarán a encarar la falta de luz. Se lleva el moreno, todos los “Bailando” que sonaban en cada esquina y tu amor de verano.

Septiembre es un parón antes de terminar el año para mirar por el retrovisor. El año pasado me senté aquí a lanzar mi Credo. Igual que hago ahora, pero diferente… Sigue leyendo

A veces.

Dos paseo bajo la lluvia

A veces, antes de coger un avión, pienso en que quizás nos encontremos de paso en un aeropuerto.Tú con ese abrigo larguísimo,que tapa en invierno las corbatas de lana más bonitas que he visto nunca, y yo con los labios rojos nuevos que todavía no te he enseñado.

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Mis padres.

Papa y Mamá

Soy tu reflejo  en el  espejo de la habitación del fondo, en casa de la abuela. Tengo tu nariz y su boca. Soy sus piernas y tus huecos en las caderas.

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No voy a por tabaco

Aitor Saraiba

Cuentos y actividades para niños y niñas inquietos, de Aitor Saraiba.

Siempre me ha parecido un arte, marcharse sin dar explicaciones. Sobre todo hacerlo cuando nadie te las pide, claro. Es una de las mil cosas que no sé hacer. No sé hacer mutis por el foro, salir por la puerta de atrás.

Marcharse, no siempre significa no volver. En este post, al menos, marcharse solo significa irse. Abandonar un lugar para ocupar otro. Nada más.

Este blog ha cumplido tres años, hace unos días. No tengo nada malo que decir de todo lo que ha pasado desde que abrí esta terraza, al contrario. Me ha traído gente y experiencias, que mi ágil imaginación jamás fue capaz de dibujar.  La vida inesperada es maravillosa. Sigue leyendo

Salidas de emergencia

Pina

Fotograma del documental Pina, de Wim Wenders

Todos los sábados, antes de salir de casa, se repetía la misma ristra de advertencias: « No vengas muy tarde. No bebas. No vuelvas sola. Cuando entréis a un sitio, busca siempre la salida de emergencia ». Así un sábado y otro más. El lunes de Carnaval, un fin de año o el día que España ganó la final del Mundial.

Salía por la puerta, quedaba con las niñas y me pedía una cerveza. Nos encontrábamos con la pandilla, charlábamos, saludábamos a este y aquel, nos pedíamos una copa. Una noche más, un día cualquiera, las siete de la mañana, y de repente mirabas a tu alrededor y te descubrías buscando, entre la masa de cuerpos, el indicador verde con ese hombrecillo corriendo hacia la luz de una puerta entreabierta. Sigue leyendo