Patios de luces

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Durante años, en septiembre, mi madre y yo viajábamos juntas a Madrid.  Nos quedábamos a dormir en casa de la tía Manuela, cerca de la calle Orense. El edificio es una mole gris y sobria de no más de seis alturas, que ocupa toda la manzana. Quizás no sea así, pero así es como lo recuerdo. Es uno de esos edificios antiguos destinados a las familias de militares, con un ascensor de puerta de rejas  y un portero gordecho y sonriente, que subía los tres escalones cargado con nuestras bolsas de viaje. Lo único que recuerdo de aquella casa, son los ruidos que llegaban del patio de manzana, mientras la tía preparaba la cena. Yo era una mincha,  y aquellos ruidos me maravillaban. Me acercaba a la ventana, retiraba la cortina y me inventaba la vida de aquella gente. Oía freírse el aceite y el ajo, veía los delantales moverse ágiles por las cocinas mientras centelleaban los televisores del salón. Sigue leyendo

Las sillas musicales

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Fotografía de Tony Luciani

“Entonces, aprendimos a enfadarnos tanto con ese juego de las sillas musicales que prometía falsas expectativas como con nosotros mismos, que deberíamos haber visto que todas las verbenas se acaban, que todos los juegos tienen un fin y también una finalidad”. 

Rayos, Miqui Otero

Pedro era arquitecto hace siete años. Lo dice así, en pasado. Igual que cuando uno dice cuando era joven, para referirse a eso a lo que ya no puedes volver. Cuando todo estalló, él y su pareja vendieron la casa en la que vivían y se trasladaron a un piso de dos habitaciones, lejos del centro, donde los niños duermen en literas y ellos han hecho del salón, habitación y despacho para que Pedro diseñe webs mientras se ocupa de la casa. Su mujer, que también ha tenido que cambiar de trabajo, duerme en casa dos noches entre semana para que los niños sigan yendo al mismo colegio bilingüe que el hijo de ese otro arquitecto que todavía lo es. Agradecen su suerte muchas veces, sin saber muy bien a quién dirigir la gracia. Sigue leyendo

El amor valiente

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Los puentes de Madison

Hace unos meses en la final de la Copa del Mundo de triatlón, uno de los aspirantes al título colapsó a 300 metros de meta. Iba en primer lugar y tenía todas las papeletas para proclamarse campeón si pasaba no sé qué carambola por detrás, pero empezó a tambalearse. La piel de la cara nívea,  desorientado y agarrado a la valla con la mirada lejos. Fue su hermano, que corría detrás de él, quien lo agarró, y corriendo juntos lo hizo llegar a meta, donde lo empujó para que cruzase antes que él. Sigue leyendo

El postureo de la fruta

las-motas-de-la-frutaPuerta con mi portal, hay uno de esos ultramarinos de aire vintage que hacen las delicias de los modernos de ciudad. Es una tienda preciosa, con estanterías al techo y baldas de madera sujetas con hierro forjado frente al mostrador principal. Al fondo dos mesas vetustas, recogen frutas y verduras fresquísimas en bonitas cestas de mimbre,  que los dueños descargan cuando nos encontramos antes de que salga el sol.

En el escaparate un bodegón de  manzanas del verde más verde, fresas de un brillante rojo en enero,  caquis del mejor naranja. Me paro frente a él un par de veces al día, con la misma sensación que cuando me presentan a esas personas rectas, sin vicios, o cuando conozco a alguien que siempre parece feliz. Dónde están las motas en la fruta, dónde van a parar las frutas magulladas al carse del árbol. Dónde está la tierra en las lechugas o los puerros. Por qué nos empeñamos en que todo parezca lo que no es. Sigue leyendo

La libertad no se mide en metros de tela

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No te vas a creer lo que he soñado para terminar el año. Pues resulta que una cadena de televisión privada, no en Rusia, ni en Estados Unidos, ni en un país remoto del que no conoces su capital, aquí en España. Un canal daba bombo y platillo a la vestimenta de una presentadora en prime time. La cubría con una capa, y mientras millones de españoles esperaban, atendiendo a la expectación generada en los últimos meses en las redes, su compañero le quitaba la capa para dejar al descubierto la escasa tela y su maravilloso cuerpo cubierto de estrellas minúsculas y transparencias mientras daban la bienvenida no a 1967, ni siquiera a 1987, sino a 2017. Sigue leyendo

Las manos de mi padre

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Es un día de invierno y voy agarrada de la mano de mi padre. Llueve y lleva unos botines de color marrón con cordones. Tiene los pies enormes, y es altísimo porque tengo que levantar la mirada y echar hacia atrás la cabeza un montón para poder verle la cara, mientras me explica algo que no recuerdo. Mi padre mide 1’68. Yo tengo seis años.

No recuerdo adónde vamos. Es de noche pero no demasiado, así que quizás vayamos a recoger a mi madre a la tienda para luego subir la calle los tres juntos. Algo que mi padre y yo, luego también mi hermano, haremos en invierno un montón de veces hasta que mi madre se jubile. A mi padre, las vacaciones siempre se las ha dado el clima así que en invierno las jornadas laborales eran más cortas y hacíamos familia, que dice él. Creo que por eso siempre le ha gustado tanto el invierno. Las vacaciones que él no se permitía, se las traía diciembre. Lo más lejos que viajó mi padre antes de casarse fue a doscientos kilómetros de casa, el año que hizo la mili en A Coruña. Nunca fuimos de vacaciones juntos, hasta que yo empecé a trabajar. Siempre he creído que ese fue el momento en el que él comenzó a respirar más tranquilo. Ya había estudiado a un hijo, ya podía disfrutar un poco. Sigue leyendo

Lobos y mujeres de lobo.

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A Pepe su novia le ha dejado. No significa nada, antes él dejó a otras que fueron sus novias y tampoco significó nada. Pepe tiene cuarenta y uno. Juana, su ya ex, tiene casicuarenta. Un día se levantó y le dijo que se había acabado. Habían follado la noche anterior y, sentados los dos a la hora del desayuno, Juana le dijo que ya no podían seguir así. Se acabó. Pepe se lo cuenta a  Paco y compañía. Qué puta loca. O sea, que follasteis la noche anterior y se levanta y te deja.  No cabrona, no perraca. No no. Loca, dramática, histérica o exagerada. Depende del jardín y del barro. Sigue leyendo

Pellizcos

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Es justo ahí, donde se necesita para que te apriete la garganta y notes el nudo. No pide permiso, pasa y ya. En la oficina, en el coche o en la cocina de tu casa.

Suele ser cosa de la voz cantada o no, de una imagen trágica o tierna. La vista y el oído son los sentidos con los que uno aprende a emocionarse, luego llega el resto para erizar la piel.

Así que una lo siente ahí cuando escucha a Nuria Espert recitar a Lorca en la entrega del Princesa de Asturias, cuando escucha a Darin hablar del amor.
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La niebla

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“Yo era primero y estaba equivocado, y lo prefiero a ser segundo y acertar.”  Iván Ferreiro.

Tuve un profesor en la autoescuela, que siempre decía que había tres fenómenos críticos para la conducción: la primera lluvia sobre el asfalto seco, el  momento en que empezaba a nevar y la niebla. Requieren una prudencia y una concentración extraordinarias. Sobre todo la niebla, decía.

La niebla oculta el camino, también las curvas hasta que ya estás en ellas. La niebla baja, cubre las copas de los árboles para que tengas que adivinar la altura mirando solo el tronco, y hace desaparecer edificios y puentes. La niebla que entra del mar, transforma las playas de ciudad en desiertos de arena urbanos. Diluye las verdaderas formas de las cosas, hace que tengas que intuir porque no puedes ver. Sigue leyendo

La vida sensible

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Algunas de las personas a las que más respeto, no puedo tocarlas. A otras, ni siquiera las conozco. No puedo hacerles preguntas, ni mirarlas a los ojos.

En estos días de titulares, gente reunida vendiendo humo, en los días del desgobierno yo reivindico el valor de lo sensible. El valor de gente que sin vicepresidencias, sin cargos imputados en sus listas, sin miradas al tiro de cámara, hace del cambio social una realidad más que latente. Valientes que miran a los lados para decidir en función de lo que creen les reportará más bienestar emocional, y será testamento vital para la siguiente generación. Sigue leyendo

Los alfileres de la felicidad

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“¿Así? Qué te parece. Te quito este trozo y te dejo tres centímetros de bajo por si las moscas”. Pone un alfiler aquí, otro allí y me gira para que me mire en un espejo grande. El taller está en el salón de su casa y desde la cocina llega el olor a aceite friendo ajo. Quizás esté friendo conejo para luego guisarlo con patatas, zanahoria y champiñones. Todo así muy menudito para que la zanahoria casi no se aprecie. Casiodio la zanahoria. Sigue leyendo

Cumplir las normas

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Uno de los recuerdos que guardo intactos de cuando era pequeña, es la muerte de mi abuelo. Se murió diez días antes de que naciese mi hermano. Yo tenía siete años.

Recuerdo llegar a casa después de que pasase todo, después de que lo hubiesen enterrado. Es la única vez que he visto llorar a mi padre. Recuerdo las sillas dispuestas contra la pared, haciendo un círculo en el salón. Recuerdo ser una niña y no encender la tele, no porque alguien dijese que no podía hacerlo sino porque sentía que el silencio era demasiado serio como para romperlo. Recuerdo que esa tarde la abuela me explicó cómo se formaban las estrellas. En la cocina de su casa, mientras me hacía un bocadillo de Nocilla como si fuese un día de fiesta, me explicó lo importante que era para los barcos que el cielo no se apagase.  Me dijo que ahora el abuelo era una estrella, que había tenido que irse rápido para que un barco pudiese llegar a puerto, y que  si lo echaba de menos no tenía más que decírselo y las dos esperaríamos a que se hiciese de noche para ver la primera que iluminase el cielo. No me dijo que ella también sería un día estrella y que yo suspendería Astronomía en la facultad. Sigue leyendo

El rayo verde

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“Cuando somos jóvenes lamentamos no tener una mujer, cuando nos hacemos mayores lamentamos no tener a la mujer”, Cesare Pavese.

Lo confieso, por si a estas alturas alguien no se había dado cuenta, soy una cursi. Hago fotos a las parejas mayores que pasean agarradas de la mano. Los veo frente a mí, y soy capaz de imaginarme su vida y la mía no vivida. Miro sus caras, la expresión tranquila de quien maneja los silencios con gusto al lado de alguien, el gesto encorvado del tiempo pesando justo ahí, el pelo cano. El paso acompasado de dos que no tienen prisa en quererse, que no temen caminar lento. Sigue leyendo

Lo normal

Equilibrios sobre el miedo

Fotografía de Margarita Gutiérrez Romero.

Superprimo y yo, nos turnábamos para dormir en casa de la abuela. Ella no quería dejar su casa, y a mi madre y mi tía les preocupaba que durmiese sola, así que Superprimo ocupaba el otoño-invierno y al llegar la primavera, cogía yo el relevo.

Cuando cumplí dieciséis años, la abuela empezó a tener más miedo conmigo que sola. “Se entran na casa e lle fan algo a nena, non mo perdono na vida”. Eso fue lo que hizo que accediese a venir a dormir a casa. Compartimos mi habitación durante unos años, los años en que yo empezaba a salir de noche, y siempre me la encontraba haciéndose la dormida en la cama de al lado. Sigue leyendo

Lo que ha dejado mayo

Foto de Michael Rougier

Foto de Michael Rougier

¡Aquí está de nuevo la sección intermitente!

Tengo que hacer algo con esta sección. Lo sé. Debería marcarme un día al mes y publicar esas cosas que veo o leo y que quiero obligaros a que veáis, ¡YA! Porque si no las veis quizás os pase algo malo, os sintáis seres incompletos y tremendamente infelices o no podáis respirar. Este blog está hecho también eso, para dar la tabarra sobre las cosas que veo y me apasionan. Sigue leyendo

Al menos, que la risa sea nuestra

Que la risa sea nuestra

Nos reímos. Lo hacemos juntos porque, a diferencia del llanto, la risa parece necesitar de al menos dos. Nos reímos porque es necesario sobrevivir a las portadas de los periódicos, porque hay que aflojar una realidad que, de no hacerlo, ahoga.

Nos reímos y la risa libera endorfinas en el cerebro con un efecto parecido al de la morfina. Quizás la risa sea ese medicamento natural que el cuerpo segrega cuando lo que duele no es algo físico. Quizás por eso, cada vez que nos hacemos mayores, nos reímos menos pero lo necesitamos más. Sigue leyendo

Campos de tierra

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Esta semana leí en EL MUNDO un artículo sobre cómo Unicef ensaya, en Sudán del Sur, un programa de fútbol que, además de tratar de trasladar los odios y rivalidades del país solo a los terrenos de juego, les permite hacer un censo de niños escolarizados, de manera que se mitigue así el tráfico de menores, común en el país desde que surgió el conflicto armado.

El día de la final del torneo, todo lo poco que tenían los chicos se lo gastaron en peluqueros. Hasta seis saltaron al campo del Centro de Protección de Civiles descalzos, con las sandalias de plástico en la mano para no perderlas  y con las equipaciones hechas trizas, pero peinados como Balotelli. Sigue leyendo

Mi vida sin ti

image1(1)Te he visto acariciar a todo el mundo y saber lo que callar para que todos estuviesen bien.

Te he visto descontenta con tu vida, pero jamás te he visto rendirte.

Te he visto agarrada de la mano de papá mientras las dos callábamos los miedos, por miedo al miedo de la otra. Te he visto mirarle cuando te decía: «Morena, eres el amor de mi vida», y hemos llorado juntas mientras lo recordabas.

También te he visto querer odiarle y no poder. Sigue leyendo

La gente se salva sola.

Foto de Thurston Hopkins en Getty Images

Foto de Thurston Hopkins

En uno de esos días en los no se conformaba con dejar el tabaco y quería cambiar su mundo, le propusiste salir a correr dos veces por semana. Creías que sería bueno que se comprometiese contigo en algo, pensaste que sentirse mejor le haría estar bien. Sabías cómo te miraba, veías en sus ojos esa mirada condescendiente que en él no era más que el velo pudoroso con el que cubría la admiración, así que aceptó por ser tú. Sigue leyendo

Las llamadas perdidas.

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Ilustración de Alfonso Casas

Echo de menos en los teléfonos, algo inteligente de verdad. Un apartado donde se reflejen todas las llamadas que no te hacen y las que te has acostumbrado a no hacer.

Mejor. En vez de un apartado, deberían los gurús de lo telefónico enviar una alerta con cada mensaje de whatsapp recibido. Algo así como: «Tu amigo ha pensado en llamarte por teléfono para pedirte los quinientos euros que le debes desde hace meses pero ha preferido enviarte este mensaje».«Tu ex ha pensado en llamarte para recoger las cosas que todavía tiene en tu casa pero le faltan cojones, cosa que a estas alturas no es ninguna novedad». «Este aviso es irrelevante, porque ya sabes que los mensajes a partir de las tres de la mañana significan todo eso que no dicen». Sigue leyendo

Lo que os importa una teta.

Miroslav Tichy

Fotografía de Miroslav Tichy

Me gusta la ropa. Vestirme es para mí una manera de reflejar mi estado de ánimo. Me divierte, es como un baile de disfraces de mí misma al que lo único que le falta son más armarios, un zapatero más grande o más ocasiones para ponerme eso que me he comprado no sé cuando para un por si acaso.

Me visto en función de cómo me siento. A veces más fuerte, más segura y otras como una niña. Unos días más poderosa con diez centímetros en los tacones, otros en cambio me gustaría ser  invisible y poder hacerlo todo, sin interactuar con ningún otro mortal. Soy todas esas cosas e incluso puedo serlas todas en el mismo día. Sigue leyendo

Volver a estar sola.

Casa en Islandia

Llevaré impreso el trayecto que va desde la salida 541 de la autopista hasta allí. Lo alternaré entre el salpicadero y el asiento del copiloto, junto a una libreta de tapa dura que arrastro de viaje en viaje, de libro en libro y donde apunto listas de películas, canciones o ideas sin ningún orden, hasta convertirla en un batiburrillo que va de un tema a otro. Igual que yo.

No habrá cobertura, tampoco 3G, así que antes de dejar la autopista habré hecho las últimas llamadas. Apagar el teléfono y volver a lo que cada uno es, sin adornos ni posturas. Sentirse solo como antes, como ahora pero sin todo ese ruido que parece acompañarte a todas partes. No necesitar compartir lo que se piensa o lo que se ve en ningún muro. No mirar más que la luna donde otros solo ven el dedo. Volver a cuando tu opinión parecía no importarle a nadie, tampoco a ti. Ir allí donde nos juzgábamos con menos vehemencia pero más eficacia. Volver a cuando éramos menos cínicos. Volver a ser lo que éramos, con esto que somos ahora.

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Los asesinos de mujeres

Karmelo Iribarren

Poema de Karmelo Iribarren

Cruzan pasos de peatones igual que tú, con el muñequito en verde. Trabajan en el bar de la esquina, en la gestoría que lleva los papeles a tu empresa o son miembros del consejo de administración de una multinacional. Celebran los cumpleaños de sus hijos y llenan de sonrisas los álbumes de fotos para azucarar los futuros traumas adolescentes. Compran flores, el periódico y suben pan fresco y cruasanes. Sigue leyendo

Instrucciones para olvidar a un ex.

Lavadora

Ilustración de el libro de Rebecca Beltrán “Pasa página: Cuaderno de actividades para olvidar a tu ex”.

Deje que él cierre por fuera. Ahora, vaya hacia la puerta, como en esas películas míticas de los años cincuenta y déjese caer a sus pies como si fuese la mismísima Natalie Wood en Esplendor en la hierba. Hipe, haga aspavientos como si estuviese al borde del colapso. Levántese despacio, empapada en drama, y sin dejar de llorar golpee algún objeto al que no le tenga demasiado aprecio. Si el objeto es de él, mejor. ¡Hágalo! ¡Fuerte! Sigue leyendo

Lo poco que sé de la vida.

Joel Meyerowitz_Provincetown

Provincetown_ Joel Meyerowitz

No sé nada o casi de la vida. No sé donde van a parar las cosas que no dices, ni los planes que no se convierten en nada más. Nunca sé qué decir ante un regalo y no sé por qué tengo miedo a las alturas. No sé ser protagonista en ningún sitio más que aquí. Sigue leyendo

Te volverá a pasar.

Te va a pasar

“Desde entonces procuro defender/ las noches en mi casa,/ los barcos sin bandera,/ los inviernos con sol/ y las dudas que acaban resolviéndose/ en la última página”,  Luis García Montero.

Te volverá a pasar, lo perderás todo. No tendrás fuerza para nada más que para cambiar la cama donde antes querías cambiar el mundo. La vida llamará a la puerta y tú saltarás por la ventana.

Dolerá, y lo hará mucho. No servirán las frases de Paulo Coelho, ni los textos de Jorge Bucay. Aprenderás que el dolor, ese que aparece para no dejarte respirar un martes a las cuatro de la tarde, solo lo cura el tiempo y la terapia. Aceptarás que no todo es tan fácil, que a veces los huesos no aguantan el peso y te dejarás caer. Sigue leyendo

Bendito asesino de la primavera.

Formentera

Formentera

Eres el niño grande al que espero impaciente desde hace meses. Siempre vestido de corto, con la camiseta blanca rota y la barba cuidada descuidada.

Traes los pies descalzos y pisas sin miedo el calor que guardan las baldosas de esta terraza al caer la tarde. Llevas la piel de un oscuro alegre  y me regalas una para mí. Me haces sentirme guapa y al mirarme me escribes un te quiero que suena en silencio. Sigue leyendo

A qué hemos venido.

Je suis Charlie Hebdo

Je suis Charlie Hebdo

“No hay pueblo que no se haya creído el pueblo elegido.”- Milonga del moro judío, Jorge Drexler.

A veces veo cosas que me asustan y cuando me asusto creo que sería mejor callar, no molestar. Ser dócil. ¿Por qué decir eso que te molesta si sé que te molesta?. Solo cuando dejo de tener miedo pienso si la vida será eso. Vivir con miedo a que lo que yo haga, a ti te duela. Sigue leyendo

A veces.

Dos paseo bajo la lluvia

A veces, antes de coger un avión, pienso en que quizás nos encontremos de paso en un aeropuerto.Tú con ese abrigo larguísimo,que tapa en invierno las corbatas de lana más bonitas que he visto nunca, y yo con los labios rojos nuevos que todavía no te he enseñado.

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Mis padres.

Papa y Mamá

Soy tu reflejo  en el  espejo de la habitación del fondo, en casa de la abuela. Tengo tu nariz y su boca. Soy sus piernas y tus huecos en las caderas.

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Aunque a veces duela

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A veces me siento frente al ordenador sin saber bien qué es lo quiero decir.  Hoy tengo una idea de lo que quiero contarte, pero no tengo claro si lo que saldrá de aquí será eso exactamente.

Hace unos días, un amigo me envió por mail un vídeo que corre por las redes y que ha impulsado la Generación 2015. Es uno de esos que tocan la patata en estas fechas, pero que en enero, por suerte,  ya se nos habrá olvidado. No sé si podría vivir siempre subida al alambre, pensando en si esa es la última vez que veré a alguien o dónde estará ese cuerpo, o el mío, por estas fechas el año que viene. El vídeo, que seguro has visto, pregunta qué regalarías a esas personas que son tu red de seguridad, un par , quizá tres, y qué otra si supieses que estas son sus últimas navidades. Sigue leyendo

Heridas

heridas

“Con tristeza, me dices

que el abuelo

ha vuelto a cortarse

al pelar la manzana.

Y la vida es más vida así, con miedo y con un pulso entrecortado”.

Sara Herrera Peralta

Tengo una cicatriz de seis puntos en la rodilla izquierda, que me acompaña desde los seis y otra en la planta del pie, con tres que cumplieron quince años este verano, de madrugada. En la rodilla derecha una marca me recuerda una mal paso, un domingo por la mañana. Sigue leyendo