Una mochila a juego con los zapatos.

Aprendiendo a dejar ir.

Aprendiendo a dejar ir.

No recuerdo cuándo me la puse.Ni por quién (siempre tienen un apellido aunque el nombre de pila suele ser más difícil de encontrar). La elegí a juego con unos zapatos que por aquel entonces me encantaban. Metí mi barra de labios favorita, el kohl, un paquete de pañuelos de papel y el tabaco.

Desde aquello ha pasado el tiempo suficiente para que pueda definirme como una fumadora que ya no fuma, pero ella sigue conmigo. Aguanta el peso como nadie. Ya no se hacen como las de antes. Ya no me engaño, no pretendo vaciarla, ni abandonarla en una gasolinera cual suegra en verano. Ella es un poco yo.

En lo que sí me he empeñado en los últimos tiempos es en vaciarla de todas esas cosas que me han hecho caminar muy lenta y con unas agujetas impropias del camino y de la velocidad. Me ha cargado la espalda y los gemelos. Al principio modifiqué el potasio en la dieta, pero la cosa no mejoraba. Un amigo me pasó una tabla de ejercicios que hacía regularmente antes de dormir, pero nada. Ninguna mejoría.

Hasta que un día llegó alguien que puso todo el peso necesario para que la Ley de la Gravedad tuviese un ejemplo práctico. El principio de un nuevo comienzo ( aún voy a tener que darle las gracias, no te jode). Todo HIZO BUMMM. Rotura de fibras y descubrimiento de que el peso afecta a tus gemelos más de lo que pueda recuperar el potasio de un buen par de plátanos diarios.

Así que tuve que parar y elegir, quedarme con los adioses que nunca fui capaz de decir o tirarlos por fin al contenedor rojo. Eliminé las conversaciones pendientes con todos aquellos que no me dieron la oportunidad de hablar en su día. Dejé en la gasolinera al último triste que se había hecho fuerte. Tiré todos los “Te quiero” que no me atreví a decir antes de los 30 y crucé los dedos para no haber dejado sitio a los “Ya no te quiero” que a partir de los 35 son tan difíciles de decir. Solté lo que me había empeñado en retener contra la voluntad del de enfrente y dejé un hueco enorme para todo el que quisiese venir para quedarse voluntariamente.

Guardé los viajes en tren para encontrarle, las tardes de playa. Guardé balcones y tiré teléfonos viejos llenos de mensajes .Limpié del fondo ,el “no haber sido tan importante como…”, el “no ser merecedora de…”, no fue fácil. Tuve que rascar, le habían cogido cariño al habitáculo. Encontré incluso un pedestal donde solía colocarles, ¿sabes cómo te digo, no?

Me miré la suela los zapatos que más me gustaban y que me habían acompañado tantas veces y la descubrí gastada, mucho más de lo que la OMS y la Asociación de Podólogos Unidos recomienda. Estrené unas bambas ( no pegan nada con una mochila de más de 30 tacos, pero ya no necesito combinar zapatos y bolso) y comencé de nuevo.

 

Anuncios

4 comentarios en “Una mochila a juego con los zapatos.

  1. La limpieza es imprescindible de vez en cuando. Hay cosas q cargas que no sabes por qué las llevas contigo y otras que son necesaria desechar, pero NO RECICLAR!!! 😍

    Me gusta

Dime...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s