Déjame que te cuente

Normas de convivencia.

Déjame que te cuente, ahora que ha llegado el otoño y cada vez los días tienen más luz de lámparas de suelo, que la única luz que necesito es la de tu mesilla de noche. Déjame que lo escriba para que lo leas cuando dejes de jugar a las tinieblas.

Déjame que te cuente que no espero que vengas a arreglar nada, lo he recogido todo. He hecho la cama porque sé lo que te gusta deshacerla y todo lo inservible que he ido acumulando en estos años lo he enviado al punto limpio.

Déjame que te cuente que soy independiente, también emocionalmente, así que no necesito una figura paternal porque ahora sé que tengo la mejor y que no es un héroe pero es el mío. Que no te necesito para no sentirme sola, ni siquiera para tener los hijos que siempre he querido o  porque la vida da más vértigo a los 35 en singular. Que solo te quiero.

Déjame que te cuente que no me gustan los perros, ni siquiera el tuyo. Que prefiero la cerveza al vino aunque seas sumiller y que si hoy odio el golf no me va a gustar mañana sólo porque tengas el mejor swing. Que todos los esfuerzos que se hacen en mentir pasan factura cuando cae el telón, y que todo eso no es intentar ser mejor, sino ser lo que tú quieras que sea y yo solo soy fan de las posturas en camas deshechas.

Déjame que te cuente que hay noches que me despierto asustada por una de esas pesadillas que nunca consigo recordar y echo de menos poder despertarte y que refunfuñes mientras me acurruco en el hueco que queda entre tu barbilla y tu pecho para que se asuste el miedo. Que solo entiendo las conversaciones de igual a igual, así que si vienes a colocarte por encima o por debajo es el momento de salir por donde pone entrar. Que nunca te cobraré la ayuda que no pido pero que agradeceré que estés atento a mis bengalas. Con respecto a mí, avisarte de que siempre me voy sin pagar, si el único S.O.S al que atiendes es al de las tuyas.

Tim&me

Hay un montón de gente durmiendo en camas que no son la suya, así que te he dejado el camino a casa bien indicado. Sé lo poco que te gusta preguntar cuando te pierdes en coche, y lo mucho que te enfada dar vueltas y más vueltas, así que encontrarás una señal en cada cruce. Será fácil, no vaya a ser que un día, juntos, descubramos que nunca has estado aquí. He dejado las llaves en el buzón por si no estoy cuando llegues. No tienes que avisar. Ya es tu casa.

Déjame que te cuente que te quise cuando descubrí todas las cosas en las que nos parecemos, cuando supe que me quieres por cómo pienso porque solo eso es lo que soy. Cualquier otra cosa, te hubiese hecho ser uno más. Me enamoré de lo feliz que te hace hacerme feliz, de lo valiente que eres, de cómo me lees la cartilla cuando hago las cosas mal, de que tus miedos y los míos no son espejo, del despertar más alegre que conozco, de que juntos nos hacemos mejores. Déjame que te cuente que me enamoré de todas las cosas en las que somos tan diferentes. Que te admiro y  que sé que para ti el viceversa es obligatorio.

Déjame que te cuente, que cuento los minutos para llegar a casa y que no puedo evitar sonreír cuando desde la calle veo la luz encendida. Que miro el reloj cada cinco minutos porque hemos quedado a las ocho y llevo una hora con los tacones puestos y los labios pintados y  no sé lo que hacer para matar la otra hora que me queda para verte.

Déjame que te cuente que te he elegido a ti porque me gusta lo firme que pisas el suelo, porque no te gusta el rosa. Porque los dos creemos que Amelie ha dejado legiones de tíos insatisfechos por novias a las que les gusta más la sensación de meter la mano en un saco de legumbres que en su bragueta. Porque mientras otros siempre se preocuparon del final tú siempre me hablaste del principio. Porque mientras trato de sacarte de ese bar ahora que amanece, me agarras de la cintura y con esa cara de pillo pasado de copas entre risas me susurras: There’s magic in the night. You ain’t a beauty but you’re alright and that’s alright with me”.

Déjame que te cuente que creo en ti, y eso no me pasa nunca. Que has convertido mi cama en un 15M y que no creo en la casualidad. Que daría mi reino por vivir toda mi vida contigo mirándote desde el sillón de al lado, periódico en mano, sin miedo a que alguien haya cerrado la puerta por fuera y no nos quede nada de lo que hablar.

Déjame que te cuente que Thunder Road siempre suena como si fuese la primera vez que la escuchas  y que a veces, la vida sólo te  permite bajar la ventanilla y dejar que el viento alborote tu pelo. Y ahora toca disfrutarlo.

Así que se acabó la partida a las tinieblas. No te olvides de seguir las señales que hay en cada cruce. Yo te espero aquí, entre mis discos, mis libros, los paseos en bici  y las horas de pilates. Las cenas con mi gente, las cañas en terraza cuando la lluvia nos deja, mis planes, mis manías y mis vicios.

Sabré que eres tú. No puede haber más de dos personas que salten igual la última estrofa en este pasillo, y una soy yo.

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9 comentarios en “Déjame que te cuente

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