El museo de las relaciones rotas.

El museo de las relaciones rotasTengo  una estantería que guarda los libros que una mañana  descubrí bajo la almohada,la guía del viaje que nunca hicimos y los discos sorpresa escondidos en la maleta de un viaje que sólo tuvo billete de vuelta.

Tengo cajas de zapatos llenas de fotos de aquellos viajes de verano, la excursión que hicimos a aquel pueblo horrible para bañarnoslostobillos en una piscina de finales de septiembre.Tengo guardados en un cajón los carretes de aquella Minolta que nunca llegué a revelar.

El joyero guarda una exposición que, con una falta absoluta de delicadeza, enseña al visitante su mal gusto y  un compromiso que no sabes cómo se rompió.Seguro que me lo he preguntado tantas veces como lo has hecho tú.Si supiese cómo ocurre, si entonces hubiese decidido no hacerme más preguntas sin respuesta y continuar, me hubiese ahorrado muchas tardes mirando al techo a los pies de las alfombras y las hubiese cambiado por días de VIDA( así, con mayúsculas).

El baño acogió un tiempo una exposición perecedera que requería de una limpieza periódica y precisa. Un peine que tuve que decidir si limpiar o tirar, el cepillo de dientes de repuesto( el titular lo tiré una madrugada mientras me mojaba la nuca) que apareció como esas monedas que encuentras en un bolsillo pero me trajo una emoción bien diferente. Dos albornoces idénticos de tallas S y XL colgaron mucho más tiempo del necesario de la percha que compatimos en aquel baño. El suyo lo lavé una y mil veces para que desapareciese su olor.Con el tiempo me di cuenta de que el olor hacia meses que no estaba allí y se había trasladado a mi pituitaria. Fue difícil no voltear la cabeza cuando me asaltaba en cualquier calle,

El cajón de la mesilla guarda el kit, que mis amigas me regalaron en previsión de todos los viajes que me esperaban en autobús.No lo estrené.

Antifaz

Un verano de viajes en autobús que terminó demasiado pronto para estrenarlo y que fue un viaje interior demasiado largo.

Todavía impoluto, reposa al lado de las entradas de todos los conciertos a los que fuí el otoño del 2002. Todo se esconde del polvo bajo una camiseta con un nombre a la espalda con la que ganó aquel doblete con su equipo de fútbol y que utilicé para dormir el invierno del 2006 .

No sé porqué sigue todo aún aquí. Supongo que tendrá que ver con repetir esos patrones que ves en casa y que se convierten en actos involuntarios como pestañeos, estornudos de la nostalgia.

Tenía una dirección en Zagreb ( pincha) . Había negociado los portes a buen precio y pedido las cajas en el supermercado del barrio. Todo listo para empaquetar.Todo listo para enviarlo todo a otro museo.Nunca lo hice.

El día que empaquetaba la nostalgia , el día que etiquetaba cada recuerdo tangible pensé en qué iba a hacer con todas las canciones que todavía no podía escuchar y que sonaban en cualquier momento inoportuno ¿habría algún sitio para enlatarlas?.¿Nadie iba a hacer nada con eso? ¿Nadie va a hacer nada con los mensajes que duermen en todos esos teléfonos que ya no usas? ?¿No hay ningún lugar para enviar los mails de buenos días desde la oficina?. 

¿Qué hacer con todas las canciones que llevan su nombre hasta que vuelva a hacerlas mías?.¿Qué hago con la frialdad con la que me mira? . ¿ A qué dirección envío las caricias que ya no vas a darme y que duelen más que el recuerdo de todas las que nos dimos?.

¿Qué hago con el pasado que no está a la vista pero que siempre está?.

Eternal Sunshine of the spotless mind.

En  mi casa los cajones guardaron un montón de por si acasos(porsiundíadejadedoler). La estantería siguió almacenando los libros que nacían bajo las almohadas.Mi casa conserva una exposición propia del Museo de mis relaciones rotas. Recuerdos que se han quedado agazapados en la memoria y que he exprimido para que no duelan porque ya lo han dolido todo.

Abro cajones y ni siquiera los miro.Busco libros y al abrirlos encuentro un billete de tren de aquella primavera o un ticket de metro de cualquier ciudad europea en otoño y de la nostalgia sólo queda una sonrisa a los buenos días que ya no quiero que vuelvan y que ya no me molesta recordar.

Vivo feliz en el museo de mis relaciones rotas.

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5 comentarios en “El museo de las relaciones rotas.

  1. Mi Museo se desvanece en una boca.
    Como un toffee de nata,
    agazapado en una muela con caries que no duele,
    SÓLO saborea y sigue mordiendo.

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  2. Mi museo esta lleno de las cartas que me escribió, resguardos de viones que siempre tomaba sola, esa piedra del Teide robada entre risas y una rosa seca de aquel ramo que me envio un dia…recuerdos de lo que pudo ser y no fue…Y hoy los miro y sonrio…tampoco a mi me duele recordar 🙂

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  3. Algun tiempo tuve un museo asi, pero cuando me entere de que estaba embarazada (soy mamá soltera), tire todo articulo y queme cartas, pues supe que vendrian recuerdos mucho mas fuertes, mas felices. Jajaja, ahora guardardo su ombligo, su primer mechon de cabello, su primera ropita, su primer zapatito, videos, fotos, fotos y mas fotos, pero sobre todo atesoro recuerdos de su olor, de su sonrisa y de sus abrazos.

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Dime...

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