El museo de las relaciones rotas

El museo de las relaciones rotas

Una estantería guarda libros que una mañana  descubrí bajo la almohada, la guía del viaje que nunca hicimos, discos sorpresa escondidos en la maleta de vuelta. Cajas de zapatos con las fotos de aquellos viajes de verano, la excursión que hicimos a aquel pueblo horrible para bañarnos los tobillos en una piscina, los carretes de aquella Minolta que nunca llegué a revelar. El joyero guarda una exposición que, con una falta absoluta de delicadeza, enseña al visitante su mal gusto. El baño acogió durante un tiempo una exposición perecedera que requería de una limpieza periódica, precisa. Un peine que tuve que decidir si limpiar o tirar, el cepillo de dientes de repuesto que apareció como esas monedas que encuentras en un bolsillo pero con una emoción diferente. Dos albornoces idénticos de tallas dispares colgaron mucho más tiempo del necesario de la percha que compartimos en aquel baño.

El cajón de la mesilla guarda el kit que mis amigas me regalaron en previsión de todos los viajes que me esperaban en autobús. Todavía sin estrenar, reposa al lado de las entradas de todos los conciertos a los que fui el otoño del 2002 escondido del polvo bajo la camiseta con la que ganó aquel doblete y que lleva su nombre en la espalda.

Tenía una dirección en Zagreb. Había pedido cajas en el supermercado del barrio y negociado los portes a buen precio. Todo listo para enviarlo todo a otro museo. Nunca lo hice.

El día que etiquetaba cada recuerdo pensé en qué iba a hacer con todas las canciones que todavía no podía escuchar y que me asaltaban en cualquier momento. ¿Nadie iba a hacer nada con eso? ¿Nadie va a hacer nada con los mensajes que duermen en todos esos teléfonos que ya no usas? ¿No hay ningún lugar para enviar los mails de buenos días desde la oficina?

Qué hacer con todas las canciones que llevan su nombre hasta que vuelvan a ser mías. Qué hago con la frialdad. Qué hacemos con el pasado que sin estar a la vista mantiene las puertas abiertas.

 

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5 comentarios en “El museo de las relaciones rotas

  1. Mi Museo se desvanece en una boca.
    Como un toffee de nata,
    agazapado en una muela con caries que no duele,
    SÓLO saborea y sigue mordiendo.

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  2. Mi museo esta lleno de las cartas que me escribió, resguardos de viones que siempre tomaba sola, esa piedra del Teide robada entre risas y una rosa seca de aquel ramo que me envio un dia…recuerdos de lo que pudo ser y no fue…Y hoy los miro y sonrio…tampoco a mi me duele recordar 🙂

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  3. Algun tiempo tuve un museo asi, pero cuando me entere de que estaba embarazada (soy mamá soltera), tire todo articulo y queme cartas, pues supe que vendrian recuerdos mucho mas fuertes, mas felices. Jajaja, ahora guardardo su ombligo, su primer mechon de cabello, su primera ropita, su primer zapatito, videos, fotos, fotos y mas fotos, pero sobre todo atesoro recuerdos de su olor, de su sonrisa y de sus abrazos.

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