Quince razones por las que supe que lo nuestro iba a durar más de un mes

Quince razones por las que supe...“Antes, todo duraba más” , sentencia mi madre.

Las lavadoras, los coches, los abrigos…todo se elegía con la intención de que durase mucho tiempo. Sin embargo,hoy la caducidad parece un valor en alza. No importa tanto si el material de lo que eliges es bueno o malo porque quizás mañana habrá algo que te guste más o alguien te generará una nueva necesidad. Así que salvo en cuestiones de vida o muerte,  todo se elige envuelto en la carente necesidad de que dure.

Lo mismo parece ocurrir con el amor.

El amor de hoy tiene una velocidad incomparable al de antes. Tiene la inmediatez de un whatsapp, es susceptible de tantos cambios como la foto de perfil de tu facebook y cuando te das cuenta está menos activo que tu cuenta de twitter.

No mola que las emociones duren, mola más que te hagan feliz que hacer feliz al otro. No es de modernos hablar de para siempre.Es mucho más cool tener relaciones sin compromiso y de “tirayafloja” a los 30, que son los nuevos 20.

Somos la generación del usar y tirar.Donde tu padre usaba un pañuelo de tela, tú usas uno de papel. No nos han entrenado para arreglar nada, lo que se estropea se tira.

En la sociedad del “bien estar” nos han dado un montón de clases de física y matemáticas, pero nadie nos ha enseñado a manejar las emociones.Siempre hemos tenido tantas opciones, siempre una mejor que la anterior, que nos cuesta tener certezas, comprometernos y arriesgar.

Yo sigo buscando el infinito en la caducidad. Alguien que NO me prometa que se va a quedar para siempre pero que se muera de ganas de acumular recuerdos juntos sin fecha de caducidad, porque no somos yogures. Alguien que me trasmita certezas vintage…

1. Hablamos de teléfono fijo a teléfono fijo siempre y en posición horizontal. No escribimos mensajes con iconos mientras caminamos por la calle y un coche está a punto de atropellarnos.

2. Me enjabonas el pelo en la ducha. No soporto hacerlo, pero me derrito si me lo hacen.

3. Si estoy leyendo en la cama por la noche y tú quieres dormir, nunca me pides que apague la luz. Dices que te relaja el sonido de las páginas al pasar.

4. De mi diseñador de moda favorito solo conoces el nombre. De tu director de cine favorito solo he visto dos películas.

5. No me tratas como a una princesa, porque no soy una princesa. Y somos republicanos.

6. El primer día que tomamos un café te fijaste en que lo bebo en taza blanca. El segundo día ya me lo serviste así. Y se lo vas diciendo a los camareros (con un poco de vergüenza) para que nunca lo hagan en una taza, por ejemplo, naranja.

7. Te inventas palabras y eso no podía dejarlo escapar.

8. En los viajes llevamos maletas separadas. Cada uno vigila su tarjeta de embarque, pero compartimos las chocolatinas en el avión.

9. Nunca hemos hablado de durar. No somos yogures.

10. Todas mis sopas te parecen deliciosas. Hasta aquella que tenía color verde nuclear, no sabía a nada y comiste sin rechistar.

11. También te gustan Joni Mitchell, Casa Tomada, Sophie Calle, las conservas ricas, la siestas, los helados en tonos marrones, caminar, correr y llevar bufanda de febrero a abril. Demasiados universos coincidentes para ser desaprovechados.

12. Te muestras vulnerable ante mí y yo me muestro vulnerable ante ti y esos nos hace fuertes a los dos.

13. Una tarde vimos juntos Te querré siempre, de Rosellini. Luego yo me fui a Italia, donde se rodó la película. Te llamaba por teléfono desde allí. De fijo a fijo, claro

14. Te parezco guapa siempre, sobre todo con gafas y despeinada. Me pareces guapo siempre, sobre todo sin gafas y peinado.

15. Eres ese pantalón rojo que compré en un minuto cuando lo que llevaba buscando durante meses era un vestido negro. Algo innecesario y que nunca pensé llevarme a casa, pero que no me quiero quitar de encima.

1887 recetas

Las quince reglas pertecen a la receta nº0552 del libro “1887 Recetas para que el amor perdure” que ha sido publicado como parte de la campaña de publicidad Movimiento 1887 de Cafés la Estrella.

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4 comentarios en “Quince razones por las que supe que lo nuestro iba a durar más de un mes

  1. La 12 es tan cierta como peligrosa. Una vez (hace siglos) le dije a una chica que no había nada de malo en querer cuidar de una mujer… pero no lo entendió. Es más, me reprochó cierto tinte machista en mis palabras. Yo que siempre he sido todo lo contrario (no feminista, ojo, eso sería lo opuesto) no supe qué decir. La verdad es que fue una frase que escuche en “Conoces a Joe Black?” y me gustó pero no caí en el detalle de que seguramente en boca de Brad Patt esas palabras se acepten mejor… Con los años he ido aprendiendo a pensar 10 veces antes de abrir la bocaza. Con los años y con los errores. En otra ocasión le escribí a otro chica, en otro tiempo, a modo de despecho por algo que me había hecho (ya no lo recuerdo) que “todo lo que había entre nosotros estaba muerto” sólo porque lo había escuchado en mi película favorita. Y no, en aquella ocasión tampoco tuve gran aceptación…

    El caso es que cuando compartes tu vida con otra persona tu casa se convierte en hogar, en guarida en la que refugiarse del gilipollas de tu jefe y de los truenos que caen afuera. Y para ello es indispensable dejar la coraza en la puerta, quitarse la armadura, enseñar tus penas y miedos, volverte todo lo vulnerable que en la calle no debes ser. Aunque en el fondo de nuestra genética sigamos siendo hombres y mujeres y aunque Punset (muy fan de Punset, aclaro) insista en que la hembra sigue buscando al macho dominante y el macho a una hembra que sea fértil (así a grosso modo explicado por mi, eh, Eduard se tiraría dos horas y acabaría convenciendo a cualquiera), creo firmemente en que hacerse el o la fuerte en una pareja puede perjudicar la salud de la misma. Hola, nena, he tenido un día horrible y sólo quiero tirarme en el sofa y apoyar mi cabeza en tus piernas y no pensar en nada, como aquel día que llegaste destrozada de aquella reunión y yo te atuse el pelo mientras de fondo sonaban Los Madison, te acuerdas?

    Que por qué es también peligroso? Porque a veces tu mayor cómplice hoy es tu enemigo mañana (esto pasa, nos guste o no) y haberle enseñado tu vulnerabilidad a tu enemigo supone un peligro importante. Pero como se no puede amar con el freno de mano puesto, aceptemos que es un riesgo que hay que correr… no?

    Le gusta a 1 persona

Dime...

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