Y ahora todas las canciones te recuerdan a ella.

Love

La conociste como se supone que NO se conocen a las mujeres que dejan huella en una vida. Como si la huella la marcase el cómo y no el quién. Como si la vida fuese el guión de esa comedia romántica de la que eliges entre un par de típicos principios y un único final.

Te atraía. Sentías el relámpago cuando te tocaba. Pensabas en ella cuando con las piernas desnudas al calor de la manta pulsabas el modo siesta. Y antes de dormir, con la confianza que dan más horas de whatsapp que polvos, de tu teléfono salía un ” Voy a siestear, vienes?”. Poesía a 200 kilómetros.

Ella era de Casillas y tú de Diego López. Tú de Mou, ella de Pep. Ella adoraba los sabores sencillos y tú lo cubrías todo con especias. Tú odiabas por igual las ciudades que los pueblos y ella no podía vivir si alguien le hiciese elegir. Ya sabes, la vida es así de caprichosa. Te pasas mil y una horas haciendo listas de todo eso que tienes claro y ella espera tranquila en la mesa del fondo para darte una de sus conocidas patadas en la boca. C’est la vie.

Ella no era una princesa ni en los días rojos. Sólo se acurrucaba y buscaba Tiffany en tu pecho envuelta en la manta del sofá para taparte la espalda mientras se colgaba de ti, porque la primera vez que os visteis y ella te preguntó si no tenías frío al mirarte los pies tú desarrollaste tu teoría sobre La expansión corporal del calor de espalda. Tú aún creías que estabas a salvo.

Una tarde, aún cada uno con la piel del otro, revueltos entre las sábanas tú hablabas sobre lo gris que era todo, que no había salida, que todo seguiría igual. Ella dio un salto y de rodillas en la cama te agarró del brazo y antes de besarte te clavó aquel “Sal a la calle. Salta las olas, que  la tristeza si es compartida se vuelve rabia que cambia vidas“.

No te enamoraste de ella entonces. Tampoco la primera vez que la viste. No lo hiciste ni siquiera la quinta vez que os acostasteis. No lo sentiste un día a la salida del cine, nunca fuisteis juntos,  y dijiste “es esto”. Nunca sabrás si fue aquel café o una de aquellas decenas de tardes mientras te vestías para salir corriendo.

Era de esas chicas que leen solas en la cola de un cine y que salen con una sonrisa mirando alrededor sin esconderse tras la pantalla del teléfono. Experta en la lucha y  con una técnica muy pulida en levantarse aún con las rodillas peladas y las heridas en llamas. Tenía los miedos justos que la hacían una valiente.

No era alegre pero te alegraba las horas como ya no recordabas. Era la sonrisa perenne mientras la vida no pusiese una buena razón para hacerla caduca. No creía en los parasiempre pero no le gustaban los principios cuando ya conocía los finales. Era verano y otoño. Era una lista de canciones, una banda sonora de una vida que compartía contigo una vez por semana.  Era imposible pasar por ella y no querer quedarse fuese como fuese.

No era más bonita que cualquiera. No era siquiera más bonita que ninguna. Nadie notaba que entraba en esta u otra terraza y pasadas las horas nadie se daba cuenta de que estaba allí. Pero era de ese tipo de chicas que todo el mundo sabía cuándo se había ido. Y eso fue lo que aprendiste.

Un día empezaste a mirar a Pep con sus ojos. No sabes cuándo, pero un día se te subieron las ganas y empezaste a contar los días para rebajaros las ganas juntos. Empezaste a mirarla en vez de verla y empezó a hacerte feliz la risa que le provocabas y que ella premiaba con beso o abrazo de piernas alrededor de tu cintura. Un día elegiste velar su sueño en vez de dormir. Calentar sus pies con restos de una pena que al rozarse con los suyos se marchó.

Pero ese día ella ya había buscando doce maneras de escapar descalza y como las estrellas de Rock&Roll la trece ,mal número si no crece, no creció.

No te diste cuenta hasta que se fue. Todavía la veías en vez de mirarla y mientras, ella había callado todas las conversaciones en las que pedía más aventura a cambio de camas deshechas. Cuidados sin posesión. La protección sin condescendencia. El respeto. Un todovaasalirbien .

Ahora solo quedan las canciones. Todas las canciones te recuerdan a ella mientras esperas  una canción en bucle buscando una cara nueva.

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11 comentarios en “Y ahora todas las canciones te recuerdan a ella.

  1. Sentirte mal es el camino del despertar.
    Estoy de acuerdo en todo lo que dices y te felicito por expresarte tan bien y compartirlo.
    Solo quería darte las gracias por escribir concretamente esto:
    No te diste cuenta hasta que se fue. Todavía la veías en vez de mirarla y mientras, ella había callado todas las conversaciones en las que pedía más aventura a cambio de camas deshechas. Cuidados sin posesión. La protección sin condescendencia. El respeto. Un todovaasalirbien .

    Es tan difícil darse cuenta de que lo estas haciendo mal, o que podrías hacerlo mejor.. y mas aun expresarlo

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    • Es difícil darse cuenta y más cuando el de enfrente se molesta en disimular…Decirse la verdad, aunque duela sería el fin de muchos problemas. Gracias por pasarte! Espero que nos veamos por aquí. Besiños

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  2. La vida – y el simpatico amor -sin manual de instrucciones es compleja. No tiene ni tan siquiera garantía o un pequeño plan renove. Deberíamos de vivir los décadas dos veces. Hoy todas las canciones me recuerdan a mi, a lo tonto que fui.

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Dime...

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