Blue Valentine ( Una historia de amor).

El amor ciego.

Imagen de Blue Valentine

“Enamorarse no tiene mayor mérito. Lo realmente difícil – no conozco ningún caso-, es  salir entero de una historia de amor”-Karmelo Iribarren.

Hubo un tiempo para susurrar “no he estado en mejor estación que en tu pecho”. Tiempo de pieles con agua y arena, de necesidades afectivas cubiertas y decisiones donde lo más transcendental era la hora a la que poner el despertador. Finales de año que hacían repaso de todo lo que quedaba por venir, de días malos y otros buenos con ganas locas de llegar a casa. Hubo un tiempo para dormir abrazados y para bailar como si nadie estuviese mirando.

Hubo un tiempo en el que la gente comenzó a irse como lo hacen los patos de Central Park, un tiempo de muletas, de caminar con la mochila del otro. Hubo un tiempo al que a él solo le gustaban las rubias y  el carácter de ella era un valor. Había tiempo para que la frialdad de él fuese para ella el complemento perfecto. El perfecto complementario.

Hubo un tiempo en que los dos sabían qué harían el fin de semana, incluso el último fin de semana del próximo mes. Sin conocer todos los detalles, lo sabían. Sabían que las vacaciones serían en agosto y que aprovecharían algún puente para desayunarse en un hotel perdido, en el coche o a la mesa de algún restaurante. Perdidos en una ciudad que aún no les reconocía.

Hubo un tiempo en que él sabía que tendrían hijos y ella que él sería el padre. No sabían cuándo ni cómo pero sabían que harían una gran fiesta para celebrar un nuevo estado. Hubo un tiempo para imaginar Tokio, Buenos Aires y Belo Horizonte.

Hubo un tiempo en que todo estaba ahí, en la “Habitación del Futuro”. Un lugar que no aparecía en ningún mapa  y que acumulaba las certezas de los dos. No les preocupaba en absoluto. El tiempo avalaba la fe en añadir la ubicación tarde o temprano y les había ayudado a acumular una certeza que nunca habían puesto en tela de juicio. No tocaba. No era tiempo de preguntas.

Hubo un tiempo en que uno de los dos empezó a ver en la vida otras luces, más colores. Se hicieron más visibles las cosas  que quedaban por hacer y empezaron a arrinconarse las certezas.La Habitación del Futuro empezó a mirar al pasado, se llenó de muebles antiguos que nadie se había acordado de llevar al punto limpio y se apagaron las estufas.

Hubo un momento al que llegaron todas las preguntas que sí tenían respuesta. ¿Son necesarias aspiraciones vitales parecidas?¿podemos superar la diferencia de intereses si los valores coinciden? ¿se puede seguir adelante cuando se ha perdido la pasión y que la relación con el tiempo salga fortalecida? ¿es cierto que el amor madura con el paso de los años, en otro sentimiento más relajado y profundo? ¿ lo que no se puede desunir es lo que nos va a separar?.

Hubo tiempo para preguntarse qué estaba pasando exactamente, él que lo tenía todo tan calculado. Disimular e ir entendiendo que hay preguntas que no tienen respuesta. ¿cuándo empezó el final? ¿cuántos cruces dejamos pasar antes de elegir caminos distintos? ¿tenía que ver lo que he visto para elegir otra vida o hubiese llegado a este lugar de cualquier manera?.

Hubo un tiempo para buscar culpables y gritar a las canciones que no siguiesen mintiendo. Hubo un momento para estar a solas con las cuentas pendientes y tirarse a los pies de las alfombras con listas de canciones y ceniceros rebosando nicotina.

Después llegó el ahora. Vino para quedarse. Pintó de colores las paredes de la habitación antes conocida como “Habitación del Futuro” y esperó que el calor atrajese calor porque allí no había estufas. Tiró los muebles viejos y recicló aquello que más le gustaba. Se trajo un montón de oportunidades y la ilusión de deshacer con ellas nuevas camas, otras pieles. Otras risas.

Supo de verdad que lo único bueno de los finales son los nuevos principios. Cerro los ojos para sentir el ahora. Había llegado anunciándose con tiempo, pero sin avisar.

                                                                                                                                   Para C y X.

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9 comentarios en “Blue Valentine ( Una historia de amor).

  1. Hubo un tiempo en el que todos los caminos llevaban a Roma pero pasaban por su cama…

    No tengo claro si es conformismo o comodidad lo que huelo entre lineas. ¿Es que eran tan felices que los planes fluían o acaso estaban tan acomodados que, para qué hacer planes nuevos? ¿Se acabó el amor o se acabó el espanto? Supongo que el encanto de la escritura es que cada uno le puede dar su enfoque personal así que no es obligatorio que respondas. Yo me tomo la libertad de responder a alguna de las preguntas…

    – ¿Son necesarias aspiraciones vitales parecidas? A la larga, si

    – ¿Podemos superar la diferencia de intereses si los valores coinciden? A la larga, no (por seguir en la linea de la respuesta anterior y no perder el enfoque)

    – ¿Se puede seguir adelante cuando se ha perdido la pasión y que la relación con el tiempo salga fortalecida? Poder, se puede. Se me ocurren varios ejemplos de parejas de mi entorno, que hace tiempo que perdieron la pasión y ahí siguen. No sé si con el tiempo más fuertes o no, en eso dudo realmente. Algunos me intentan engañar y otros se intentan engañar a sí mismos. Pero los hay que no, que entre cerveza y cerveza y dejando salir el humo muy lentamente de su boca, confiesan: “y qué le voy a hacer, Moro? a estar alturas, con la hipoteca a medias… yo ahora en el paro… después de tantos años…” Y ojo, que no dudo que la quiera con todo su alma pero desilusiona ver cómo con el paso de los años la definición de amor va perdiendo color. La princesa que un día era prometida ahora es hipotecada y acomodada. Por suerte, siempre nos quedará Iñigo Montoya…

    – ¿Es cierto que el amor madura con el paso de los años, en otro sentimiento más relajado y profundo? Si, sin duda. Y vuelvo a Punset a sabiendas que quizás no sea bien visto en esta terraza. Pero, lo siento, él lo explica mejor que yo. Con el paso del tiempo nos volvemos prácticos. No es malo esto, eh, hay una época para cada momento (o era al revés?). Es sólo que es menos idílico de lo que fue en un principio. Pero no se puede vivir siempre soñando, ya lo dijo Andrés. Con el tiempo, me temo, cambiamos góndolas por mono-volúmenes y arpas por calculadoras. Pero ojo, también nos volvemos más sabios y experimentados. E inmunes a muchas mamonadas y demás cosas banales. Y sí, desde ese ángulo está claro que uno puede amar más relajada y profundamente.

    Ya por último, no puedo dejar escapar el detalle de tu primera línea y esa referencia al maestro Chaouen. Ya lo sabrás y seguro que la conoces pero… en “Universo Abierto” (2003) justo después de ese “Pintando el cielo” (última pista) hay un bonus track que a mí la primera vez que lo escuché me dejó roto. Luego salió como pista normal en “Totem” (2005), con piano si no recuerdo mal, pero nada qué ver… no se puede comparar. Ese “bueno, dale, yo voy a ir tocando un poco…” es irrepetible. Y lo que viene después, también.

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