Una historia a 1.991 km airline.

Incendiosdeaurora
“Sucede también que sin saber cómo ni cuándo algo te eriza la piel y te rescata del naufragio”-  Ismael Serrano.

Es domingo. No importa si son las siete o las ocho, a Sonia le da igual. El domingo se le ha perdido entre los pliegues del sofá, sin más compañía que una botella de mencía. Últimamente los domingos se repiten como el día de la marmota, uno sí uno no. La vida le ha cerrado una puerta en los dientes y el golpe ha sonado a “necesito otra cosa”.

La luz de la caja boba es lo único que alumbra el salón. Sonia ha bajado las persianas para que la luz que entre por la ventana sea tan poca como la que ahora mismo tiene dentro. Se ha encontrado en la mitad de la tormenta perfecta en un lugar que no esperaba. Su casa se ha convertido en un enorme palacio de invierno donde ya nada es lo que era. Ahora, deshace el nudo en el estómago con domingos de sofá y copas de vino .

El porqué Sonia se acordó de Luis aquel día y lo buscó en el caralibro solo lo sabe ella. Quince años sin saber nada el uno del otro y ahora, con 37 vueltas completas alrededor del sol, no es hora de pedir perdón por entregarse a los pecados. Sonia se parece poco a aquella chica de 22, ha perdido el miedo a decir lo que siente y  se susurra “hoy es siempre todavía” para no olvidarse de hacer de su vida una historia.

Luis no sabe qué pasó. Un día al encender el ordenador, su foto de perfil junto a aquella playa le dio los buenos días. Quince años sin saber nada de ella y la misma sonrisa frente a él pero a 1.991,28 km airline. Se han pasado meses cada uno a un lado de la pantalla, de vez en cuando un mensaje, un mail y luego el teléfono. Luis no sabe cómo pasó pero ella empezó a hacerle falta, comenzó a hacerle feliz hacerla feliz.

Quizás cada uno permaneció en un lugar escondido del otro y salieron del escondite cuando cada uno abandonó la vida que tenía. ¿ Se habrán parado a pensar cuántas cosas tienen que pasar para que dos personas se (re)encuentren?.

Sonia y Luis no creen en cuentos así que aquí no ha habido cortejo, palabra horrible y rancia. Sonia no es una princesa ni busca príncipe en caballo blanco. Luis no viene a rescatarla ni a que le rescaten, tampoco necesita alimentar su ego llevándose el premio. El premio es ocupar un hueco en la vida de ella, que ella quiera que él ocupe un hueco en la suya…ya veremos cuál. Los dos buscan a alguien que les haga arder la vida y la cama y para eso no se necesita más que ilusión y deseo.  Es tiempo de alegrías del incendio, de vecinos emigrando a la sierra porque en el piso de arriba se vive como se folla. Los hombres de hojalata esperan turno para que les pongan corazones y no conviene hacerlos esperar.

A ratos, cada uno trae su lluvia y aunque los dos creen que la vida llega tarde, que todo es muy difícil, que el airline marca 1.991,28 km los dos se desnudan bajo el aguacero. Lo único que falta es sentir la piel, el resto se ha ido dando de manera natural. Las pantallas solo han guardado el secreto inevitable, la suavidad de la piel de Sonia y si las manos de Luis aprietan cuando abrazan.

Sonia tiene miedo a que él sea el asesino de su primavera, pero aún así se ha alquilado el último piso en un castillo en el aire al menos por un fin de semana. Sabe que si bueno es vivir, es mejor soñar y mucho mejor despertase.

Sonia cree que todos estos meses sin Luis, no hubiesen sido lo mismo. Es una tía fuerte y el sofá no la hubiese atrapado, pero sabe que con él todo ha sido mucho más fácil. Luis sabe que la ha ayudado, pero lo que Sonia no sabe es todo lo que ella le ha cambiado la vida a él, lo feliz que le hace hacerla feliz, lo mucho que le gusta hacerla reír. Los dos saben que quieren tenerse cerca y que no sabrán como hacerlo, serán parte de los nuevos beginners que ya han cumplido más de treinta.

Juntos se deshacen en ganas de erizarse la piel de igual a igual, sin más posturas que las de una cama deshecha y dejan para Silvio las canciones basadas en la vida de otros  que  no son ellos , cuando canta “Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar” .

A Sonia y a Luis les arde la vida. Son valientes llenos de miedos, dispuestos a temblar y hacer temblar.

Esta noche, cuando el reloj de tu muñeca marque las 22:40, Luis aterrizará en un aeropuerto de la península histérica. Sonia habrá hecho la cama porque ya sabe lo mucho que a él le gusta deshacerla. Ha llenado la nevera de un montón de caprichos que se han prometido a los pies de las alfombras y que comerán con los dedos, que es como mejor saben las cosas.

Ella esperará frente al cartel de llegadas. A pies juntillas en segunda línea ve abrirse la puerta y le descubre entre la multitud,  levanta el brazo y él sonríe y acelera el paso directo hacia ella. Empieza el banquete de abrazos que encienden la aurora en las playas del sur.

                                                                                                       Para Sonia y Luis. La vida solo es ahora.

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3 comentarios en “Una historia a 1.991 km airline.

  1. Pensaba preguntar si Luis y Sonia compartieron sábanas 15 primaveras atrás. Si este reencuentro es un punto y seguido que quedó pendiente o si es un encuentro repentino que nunca se llegaron a plantear. Pensaba preguntar si la Corona que muestra la foto es una pista para situar el escondite de Luis aunque está claro que las cuentas kilométricas no encajan. También iba a preguntar qué fue de sus vidas en estos quince años consciente de que para ese entierro nadie me había dado vela alguna. Pensaba preguntar todo eso porque según leía la curiosidad me quemaba por dentro. Pero luego me dí cuenta de que todos esos detalles, justo ahora, en este momento, importan un carajo. Porque lo que toca es alegrarse por este encuentro. Celebrarlo y brindar por ello. Y por eso justo ahora levanto mi 1800 reposado con hielo y brindo por los valientes que saben que nunca es tarde si viene a buscarte la dicha un día. Aunque sea en forma de solicitud de amistad quince años de olvido después. Salud!

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