Bendito asesino de la primavera.

Formentera

Formentera

Eres el niño grande al que espero impaciente desde hace meses. Siempre vestido de corto, con la camiseta blanca rota y la barba cuidada descuidada.

Traes los pies descalzos y pisas sin miedo el calor que guardan las baldosas de esta terraza al caer la tarde. Llevas la piel de un oscuro alegre  y me regalas una para mí. Me haces sentirme guapa y al mirarme me escribes un te quiero que suena en silencio.

Traes el caos de Nápoles, la sensualidad de Estambul y el desordenado orden de la Costa Este. Noches decadentes como Oporto y atardeceres con esa sensación que adorna los cines de verano en Roma.  Me regalas la arena de mañanas en calma con la luz brotando en las cortinas y la cal de noches en un rincón de San Rafalet desnudos sobre una playa sin frío.

Te enseñas discreto en mayo. Me desnudo la nuca y descubro que el anterior no sabía erizarla como tú, así que la utilizo de excusa para darme otra oportunidad y esperarte un poco más. Me espabilas las ganas y te vas señalándome el camino de regreso.

Me paso la vida echándote de menos haciendo de aquel allí este aquí. Así que ahora que te imagino llegando con los andares tímidos,  las calles se llenan de guirnaldas. Sé que vas a venir y me pinto de domingo. Me descubro los hombros y empiezo a desnudarme para que cuando abras la puerta seas tú quien me quite las medias y yo la que me calce los tacones.

Alérgico a las rutinas, consigues que no distinga un domingo de un martes. Me esperas a portagayola y me pego a ti con menos miedo que José Tomás.

Alguna gente sufre de inviernos y conoce las heladas que pasan por debajo de las puertas de las alcobas. Tú, con nivel experto, pierdes el control en camas deshechas, retiras mis  sábanas de felpa y guardas mis pijamas en el último cajón del sinfonier porque, hasta nuevo aviso, el calor lo pones tú.

Me susurras que te folle lento mientras te miro a los ojos y nos prometemos no parpadear para no perdemos nada. Alguien pide un bis y quién somos nosotros para decirle que no.

Mentiroso como un espejismo necesario para anclarme a la vida, me convences de que has contado para mí el número de granos de arena de una playa. Reconozco en ti a otros amantes que vinieron y no buscaban nada y confío en descubrirte antes de que los días comiencen a perder luz.

A veces me pregunto qué es lo que habré visto en ti. A veces me imagino y no es contigo.

Echo de menos a ese otro que me cubre los hombros y pone telas a mi espalda. Ese que me tapa los pies en el sofá un domingo de diciembre. Busco en el último cajón los pijamas que escondiste al llegar y una dosis del lado frío de la almohada como único placer.

Pero siempre que cierro los ojos sueño contigo. Dicen que uno es de ese lugar del que se acuerda cuando tiene miedo, de esos brazos, de esa piel. Yo soy tuya sin remedio.

Soy tu calor en mi espalda, soy las noches que se hacen días entre risas y copas. Soy tus mañanas sin prisa y las eternas sobremesas bajo el parral de casa de la abuela para presentarte en sociedad.

No importa quién caliente el lado frío de la almohada, siempre te busco a ti. No importa que acabes de irte o que estés en otro hemisferio. A veces te echo de menos y aún estás aquí.

Y eso…pues que tengo ganas de volver a verte.

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6 comentarios en “Bendito asesino de la primavera.

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