Somos demasiado jóvenes para estar tan tristes.

Ilustración de Sara Herranz

Ilustración de Sara Herranz

Fue uno de mis primeros días de playa, en verano. Les vi sentados en sus toallas de felpa mirando al frente. Prácticamente a mi lado, cabeza con pies.

Pasaban los treinta sin anillos adornando el anular y sin más palabras que unos cuantos monosílabos por respuesta a preguntas breves. Siempre me he preguntado si esos silencios, esa ausencia de conversación entre dos que han quedado para estar en esa toalla juntos, son síntoma de amor o aburrimiento. Supongo que tiene una pizca de ambos.

El amor tiene ese regusto de costumbre, de hábito, de rutina gustosa. Así que esos silencios cómodos, ese dejarse ir a otra parte sin tener que enseñarte interesante, esos tiempos de perderte en la pantalla de tu móvil, inevitables ya como pestañeos, no son más que las señales del cómodo aburrimiento silencioso que también es el  amor.

Pero aquel gesto, aquella mirada al frente sentados todos en una fea playa de ciudad no recordaba al amor ni tampoco a su ausencia. Me trajo de repente aquella escena de Beginners en la que ella, muda temporalmente y tumbada en un diván rodeada de gente en una fiesta en la que aún no le conoce , le mira y  le escribe en  su libreta aquel ¿Por qué estás en una fiesta si estás triste?

Sad party- Beginners

Es curiosa esa tristeza, tan fácil de camuflar en horario de oficina. En esa tristeza no suele haber dolor, ni siquiera rabia, tan poco disfrazables ambas. Esa tristeza se tiñe del mismo color que la costumbre y la misma textura del conformismo la hace tan soportable como imperceptible pegándose a tu cuerpo como una segunda piel. Pero siempre hay una playa, siempre hay una fiesta que te desnuda y te enseña vulnerable.

Pensé en la viñeta de Sara Herranz que encabeza y da título a este post, somos demasiado jóvenes para estar tan tristes. Pensé en todo para lo que somos tan jóvenes y nos creemos tan viejos, tan a destiempo.

Somos demasiado jóvenes para creernos viejunos por llegar a los cuarenta. Demasiado jóvenes para creer que la vida solo tiene el camino que hemos elegido, para no pelear. Demasiado jóvenes para no tener sueños, para perder la cara de la mañana de Reyes.

Somos demasiado jóvenes para creer que no volveremos a enamorarnos, para vivir en nuestro cascarón como si alguien ahí fuera estuviese acechando para cerrarnos la glotis si dejamos que nos abrace. ¿Qué coño tiene de malo el amor para tenerle tanto miedo? ¿Por qué nadie nos enseña a gestionar las emociones igual que nos inocula los afluentes de los principales ríos de ésta u otra península?

Somos demasiado jóvenes para ser solo madres o padres, para no tener tiempo para nosotros o lo que es peor, para no necesitarlo. Somos demasiado jóvenes para no hacer planes de dos, para vivir esperando al viernes, para no leer, para no tener aspiraciones, pasiones no terrenales, vicios.

Somos demasiado jóvenes para tener una única película favorita, para no tener curiosidad, para ver en vez de mirar, para no dudar y seguir manteniendo una moral por bandera que solo sirva para juzgar las vidas que no son la nuestra.

Somos demasiado jóvenes para creer que nos lo merecemos, que la puta crisis nos ha hecho esto y que nosotros no podemos hacer más que lo que hacemos. Somos demasiado jóvenes para vivir con antiguos patrones, para conjugar la primera persona del singular del verbo esperar. Demasiado jóvenes para solo pisar suelo.

Somos demasiado jóvenes para sentir compasión por el diferente en vez de ver su potencial, para mirar la vida sin bajar al barro. Somos demasiado jóvenes para cruzar los dedos para que ese al que no hemos votado y nos gobierna, se equivoque. Demasiado jóvenes para dejar que el miedo impida el cambio, demasiado para mentar al repugnante “hacer los deberes”, para no poner en entredicho las normas. Somos demasiado jóvenes para ser tan retrógrados, tan cínicos.

Somos demasiado jóvenes para buscar madres/padres para nuestros hijos en vez de buscar compañeros y amantes de una vida juntos. Somos demasiado jóvenes para acompañar los “te quiero” con “mucho”.  Demasiado jóvenes para NO creer que lo contrario de la muerte no es la vida, sino el sexo.

Lo somos demasiado, demasiado jóvenes para que un miércoles por la tarde tumbados en una toalla de felpa en una fea playa de ciudad, mirando al frente dejemos caer los brazos al convencernos de que aquello que creíamos una aventura no era más que la vida.

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24 comentarios en “Somos demasiado jóvenes para estar tan tristes.

      • Exacto…yo me identifico un montón con todo lo que escribes!! y por lo que veo en ésta, nuestra querida terraza, no soy la única!
        Nunca dejaremos de ser jóvenes con este soul! 😉

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  1. Tan joven y tan viejo. Tan fresco y tan caduco. Tan guapo y tan difícil de ver. Tan sexy… y con perilla. Todo depende de quien se siente en mi toalla de oferta del Carrefour. El amor no tiene cosas malas, el desamor si. El amor es eterno mientras dura, pero cuando se acaba y siempre es con la sonrisa arrugada, te vacunas contra el, como si fuese el “tetanos” para unos cuantos años. Pero siempre se podra follar hasta que uno se enamore ¿ NO?

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  2. Me ha encantado como siempre, ¿te acuerdas cuando te dije que escribieras por que eras buena?, para que veas, no me equivocaba, cada día te superas y así lo demuestras, eres buena muy buena abriendote para tus lectotes. Tu vales mucho nena. Besos

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