Los finales siempre traen principios

Gregory Thielker

Pintura de Gregory Thielker

Si tuviese que poner un sonido a un final,  sería silencio. Un enorme silencio de redonda.

Los finales siempre traen silencio, ponen la sordina al bullicio y dejan que el silencio te azote. Silencio que ayuda a pensar,  silencio sonoro que ilumina la ausencia. Un silencio espeso e incómodo.

Cuando algo se va para siempre o hasta luego, con la esperanza de la temporalidad que da el seguir aquí, lo que se echa de menos es el ruido. Los finales siempre se llevan el ruido de zapatillas arrastrando un cuerpo dormido o cansado, de platos dándose golpes unos a otros al salir del lavavajillas, de la risa corriendo por el pasillo rompiendo el silencio que encuentra a su paso. Ruido de peleas que parecían el apocalipsis, de fotocopiadoras pidiendo rollos de tinta. Ruido de sueños que seguirán siendo eso un año más, propósitos que arrastras desde hace tanto tiempo que dicen más de ti que tus logros.

Es el ruido el que a veces no deja escuchar lo importante. Ruido de noticias en el televisor del salón exterior con patriotas dispuestos a hacerte creer que lo suyo es lo tuyo. Ruido de viejovenes que son demasiado tristes para ver el mundo en color, para escaparse de lo que queda de la zona de confort. Ruido de quien no le pide a la vida nada más que lo que le da. El ruido de quien no soporta parar porque le aterra escucharse.

Cuando algo termina es inevitable mirar atrás. Pararte en esa gente que creías conocer y ya no, en los que ya no están, en los que han llegado desde ese lugar donde vendrán otros.El final de año siempre hace balance, siempre trae el silencio que cada uno pone a lo importante.

Mi silencio siempre es música, las teclas de mi ordenador poniendo orden o desorden a lo que creo, lo que dudo y en lo que pienso.

Mi silencio es  algo nuevo que rebotó en bucle en las paredes de mi casa  (pincha) y un disco entero que escuchar de camino a todas partes, mi disco del año:

Es también una versión que me hizo olvidar la original para escuchar a los pies de las alfombras cuando necesité silencio ( pincha ). Uno de esos post que habéis hecho el más leído del año y un verano nuevo al que poder escribirle otra vez ( pincha aquí).

Mi silencio es una poesía hecha canción. Una canción hecha ahora deseo para lo que empieza: Que todos los abismos que  queden por pasar sean esos que se salvan teniendo fe en algo trivial, algo banal, en algo pequeño y sencillo. Que nos encontremos con gente que traiga amor escondido en la boca.

Si miro atrás, si hago balance, volvería al 2015 para leer por primera vez También esto pasará  de Milena Busquets , y volver a sorprenderme como solo uno lo hace la primera vez:

Pero creo que me querías, ni mucho, ni poco, me querías y punto. Siempre he pensado que los que dicen «te quiero mucho», en realidad te quieren poco, o tal vez añaden el «mucho», que en este caso significa «poco», por timidez o por miedo a la contundencia de «te quiero», que es la única manera verdadera de decir «te quiero». El «mucho» hace que el «te quiero» se convierta en algo apto para todos los públicos, cuando, en realidad, casi nunca lo es. «Te quiero», las palabras mágicas que te pueden convertir en un perro, en un dios, en un chiflado, en una sombra .”

Volvería a todos esos sitios donde me he emocionado, donde alguien o algo me ha puesto la cara de la Noche de Reyes. Volvería allí como una yonki de esos momentos de inadvertida felicidad que una vez se pasan ya no tienen sentido, ni conviene explicarlos. Se quedan en la memoria agazapados de un modo raro, solo salen cuando los despierta un sentimiento igual. A veces ni eso. Eso es la vida, solo tiene sentido hacia adelante.

Si el final es todo este silencio, el principio es para mí una enorme casa vacía. Casas vacías siempre, que diría mi amiga Inma.  Principios siempre, entonces.

Los principios tienen todas las paredes en blanco por si te gusta el color y quieres pintar por encima. Un sofá muy cómodo para las siestas con poca ropa y un colchón nuevo con las mejores sábanas de algodón para hacer de tu cama una cama deshecha.

En los pocos cajones están los viajes que te esperan, la gente que está por venir y por (re)descubrir, todas las tardes que vas a perder, todas las noches a duermevela. Entre todas las voces de la habitación del fondo, quizás encuentres la voz que quieres que te despierte. Quizá no sea la que te acompañe hasta el final o quizás no esté en ninguna parte, tampoco en esta casa.

El estudio está acondicionado para los mejores conciertos, tiene un equipo de música para escuchar lo que sonará en las paredes de tu baño y una estantería con todo el cine que te espera.

Los principios no traen maletas, solo alguna caja para reciclar todo lo peor, eso de lo que dicen se aprende, y lo mejor del último final. Casi todo está por decorar.

No seré yo quien te engañe diciendo que todo depende de ti, los baños y la cocina ha venido otro a ponerlos por ti. Lo que quieras hacer con el resto, eso sí que es cosa tuya. Feliz comienzo.

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6 comentarios en “Los finales siempre traen principios

  1. A mi los finales siempre me traen canciones. Canciones que me encantaban y ahora me hacen llorar y me hacen pensar que nunca debi escuharlas.

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