Los discos que rayé ( Volumen I)

Los discos que ralle

Siempre que escribo una lista sobre lo que me gusta me doy cuenta del batiburrillo que me acompaña y lo mucho muchísimo que me cuesta elegir.

Hace unos años, yo solía escuchar discos. Ahora soy más consumidora de canciones, algunos discos hacen excepciones conmigo pero por lo general escucho muy pocos enteros. Voy de acá para allá, de canción a canción, o quizás ellas vienen a mí, como decía Rob Gordon en Alta Fidelidad.

Desde que no nos vemos- Enrique Urquijo y los problemas.

No sé que año fue, supongo que eran los 90. La habitación del fondo, en la casa de la abuela, era el único lugar desde el que se sintonizaba la radio y se podía estar lejos del ruido de fogones y vecinos. Mi tío nos había traído de Nueva York un casete portátil con una sola pletina desde el que se podía grabar directamente. Los veranos, esperaba a que sonase en la radio esto o aquello y le daba al rec. Grababa cintas en las que si escuchabas con atención podías oír a mi abuela llamarme para merendar mientras yo aullaba de rabia.

Los Secretos han sido uno de los primeros grupos que recuerdo en mi adolescencia y este disco, aunque no sea exactamente de ellos, lo escuché hasta cansarme aquel verano en los noventa y me lo compré mucho tiempo después. Luego se lo regalé a alguien que supe sabría cuidar bien de él. El tono triste, melancólico de las letras, todo ese desamor después del amor siempre han estado presentes en la mayoría de lo que me elije para que lo escuche.

My Way- Los Piratas

Recuerdo que se lo había encargado a una amiga que iba con sus padres a la ciudad un verano. Yo tenía 20 años, pasaba el verano estudiando en casa de mis padres y en mi pueblo no había tienda de discos. Recuerdo cerrar la puerta de la habitación de mi hermano donde habíamos trasladado el equipo de música y subir el volumen mientras la hacía sonar una y otra vez mientras daba saltos. Fue el primer disco que me compré de ellos, El fin de la primera parte.

Estoy segura de que a Sinatra le hubiese parecido una atentado al buen gusto. Un aspaviento innecesario, como los movimientos de Elvis. Para mí es una de mis versiones favoritas. La he escuchado mil veces más que cualquier otra, millones de veces más que la de los Sex Pistols.

Línea 1- Los Planetas.

Les conocí con  Una semana en el motor de un autobús. Era 1998.  A pesar de solicitar un traductor de J junto al disco, sin éxito, me aprendí cada letra de memoria. Sonó en mi baño tantas veces, que el disco se rayó hasta hacer de alguna pista un balbuceo insufrible. Yo me peleaba con el reproductor sin descanso hasta que mi hermano se compró otro ejemplar y ahora luce espléndido en mi estantería sin tener claro si alguna vez se dio cuenta del hurto.

Quizás no sea mi canción favorita del disco, pero ya sabrás que esta lista no va de eso. Muchos años después salí con un chico que decía que era la definición musical perfecta de la decadencia. Y siempre me ha parecido exactamente así.

Captatio  Benevolentia -Manel

Les conocí por Guardiola. Sí, por Pep. Es así, tan poco poético como la vida los miércoles. Habían sacado su primer disco, Els millors professors europeus, y en una actuación en el Palau en la que se encontraba entre el público le cantaron el cumpleaños feliz. Lo vi en un programa deportivo y les busqué en la red.

El disco ha sonado en mi casa muchas mañanas de unos meses raros. Meses de buscar certezas, meses como los habrás tenido tú.

Dyer Maker- Led Zeppelin

Me compré una biografía del grupo en 1999 y la leí varias veces mientras escuchaba cada disco. Todos y cada uno de sus discos. Canción a canción explicada por las distintas influencias del momento, la simbología de alguna de sus míticas portadas y un sinfín de detalles interesantísimos. Hoy solo recuerdo que John Bonham murió  ahogado por su propio vómito después de ingerir cuarenta copas de vodka en casa de Jimmy Page. La memoria me pone los cuernos claramente.

Esta canción siempre me ha parecido sexo puro. Será el reggae, será Jimmy susurrándole que no se vaya,…es una de mis canciones favoritas, sin duda.

Todo se transforma- Jorge Drexler.

Sala Capitol, Santiago de Compostela. Uno de los lugares del mundo donde he sido más feliz.

Creo que hay pocas sensaciones que me hagan más feliz que todo lo que rodea a un concierto. Pocas sensaciones más maravillosas que aquella de llegar a una sala en 2004 para acompañar a un amigo a ver a un uruguayo del que había oído hablar más bien poco y en la segunda canción querer que ese momento no termine por lo menos hasta que los pies me aguanten. Eso fue lo que pasó. Así hasta hoy. Con nuestros discos más y discos menos pero hasta hoy.

Es parte de la banda sonora de mi vida sin ninguna duda. Ligada a mil recuerdos, a personas distintas. Un concierto que no olvidaré nunca porque le he visto alguna vez más pero no sentí aquello. Aquel relámpago. El disco entero es maravilloso, pero esta es mi canción.

Papá cuéntame otra vez- Ismael Serrano.

Si les digo que este hombre es el despertar de mi conciencia política seguro que les pareceré de lo más ridícula, pero es así. Lo juro. Él ayudó a que empezase a mirar el mundo de otro modo.

Podría decirles que en mi casa escuchábamos a Serrat y recitábamos a Miguel Hernández, que aprendí inglés con The Beatles y me hice adulta viendo cine de Bergman. Bien, pues no. En mi casa, mis padres adoran la música pero  mi madre siempre ha sido más fan de Juan Pardo que de Joan Manuel. Mi padre cree que todos los cantautores son de izquierdas y eso a mi padre, pues no le suma. El primer libro que recuerdo no fue El Guardián entre el centeno sino El Principito y mi película favorita en mis años mozos era Dirty Dancing.

Pero un día mis padres decidieron que debía salir de mi casa,  ver el mundo con mis propios ojos. Y salí. Conocí a alguna gente, tiré unos prejuicios, coloque otros y la curiosidad me explotó en las manos, en los oídos. Aprendí a pensar por mi cuenta mientras escuchaba a un montón de gente que no pensaba como yo. Fui haciéndome mayor.

A los 18 años tenía un montón de miedo a que un día, al mirarme al espejo, me diese cuenta de que el tiempo había hecho conmigo algo de lo que no sentirme orgullosa. Me gustaba pensar que la vida era siempre un poquito más de lo que mostraba. Creía en los sueños, en la utopía. Creía que bajo los adoquines, un día habría arena de playa. La música me ha sostenido para seguir creyendo, me ha hecho así. Para bien y para mal.

Song for Ana- Deluxe

Les conocí por casualidad, porque existen así sin más y uno lo descubre cuando se hace mayor y deja de necesitar buscar porqués a cada vez más cosas.

Era 2003 y acababan de publicar su segundo disco,  If things were to go wrong. Compré mi entrada para mi primer concierto de Los Planetas, y ellos eran los teloneros.

Fue en una de la plazas más bonitas del mundo, A Quintana dos mortos. Si no has estado nunca tienes que venir. Tienes que sentarse en las escaleras una tarde de sol, que las hay, con una Estrella en vaso de plástico que todavía deberían venderte en El Literarios y dejar que el sol te achine los ojos. A la derecha un yonki con litrona, una excursión del Imserso y pululando por la plaza estudiantes con carpetas y  algún japonés disparando flashes. A la izquierda los tejados de la catedral y la torre de Platerías. Compostela es uno de los sitios del mundo donde he sido feliz.

Paloma- Andrés Calamaro.

Le había odiado profundamente ( esto me pasa a menudo). Tenía el recuerdo imborrable de aquel vídeo de Sin documentos de Los Rodríguez  y ese soniquete al que aún tengo manía hoy. Pero luego sacaron aquel Palabras más, palabras menos (1995) con aquel  Mucho mejor que se pegaba como el chicle y Para no olvidar que es una de mis canciones favoritas, y me rendí. Así que cuando se separaron y Calamaro empezó de nuevo su carrera en solitario yo ya le había abierto mi Olimpo particular.

Con Honestidad brutal, ya era una groupie oficial. En el corcho de mis habitaciones estudiantiles, tuve un recorte de una entrevista suya que rezaba: “La honestidad no es una virtud, es una obligación” , donde  reflexionaba sobre cómo ensalzamos como virtudes, rasgos que deberían ser inherentes al ser humano. Y yo estaba de acuerdo, totalmente. La incorporé a mis certezas, pero luego me hice mayor, conocí a gente y desconocí a otra que creía conocer. Fue entonces cuando empecé a darme cuenta de que la virtud no es ser honesto sino entender que no hay más remedio que serlo. Nada más.

Tenía que ser esta, no podía ser otra.

Si uno es lo que escucha, a mí me gusta pensar que soy un poco esto. Sentido, sexo y  sensibilidad.

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7 comentarios en “Los discos que rayé ( Volumen I)

  1. Aunque no compartamos del todo los gustos musicales sin lugar a dudas me quedo con esta frase “Creo que hay pocas sensaciones que me hagan más feliz que todo lo que rodea a un concierto”.
    Es sencillamente genial.
    Personalmente, de acuerdo.

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  2. Recuerdo un día, hace cosa de 20 años, mientras ayudaba a mi madre a secar los platos me puse a tararear una canción casi sin darme cuenta. Una canción con aroma de sur que hablaba de una mujer perdida, desesperada y enamorada perdidamente de un marinero. Una historia triste, un lamento por un amor que no pudo ser. Yo no tenía ni puta idea de lo que era un fado pero aquello que cantaba era ni más ni menos que eso, un fado. Y mi madre, sorprendida, después de un rato mirándome raro, me pregunta: “¿desde cuándo cantas canciones de Carlos Cano?”. Y yo, ignorante de la vida, le pregunté que quién era Carlos Cano, que esa canción no era de él sino de Enrique Urquijo. A mí me lo iba a decir!

    Y es que por aquel entonces no escuchaba otra cosa que el disco “Desde que no nos vemos”. Lo tenía (y lo tengo) en casette! Carátula negra con el tipo de letra irregular, como escrito por el propio Enrique y con un tipo tocando la guitarra en una isla desierta en medio del mar. Quemé aquella cinta de tanto escucharla. Figuradamente, claro, porque doy fe que sigue sonando como el primer día (o eso me parece a mí). Me marcó aquel disco, qué coño. Mucho. Quizás porque fue de los primeros que tuve, quizás por el sabor a nostalgía que siempre tiene Enrique Urquijo o quizás por esas letras que con poco decían tanto y que abrieron los ojos a un guaje de 14 años que venía de escuchar Onda Vaselina. Eran otros tiempos, eran los 90. Sospecho que hoy en día los guajes de 14 años ya tienen los ojos demasiado abiertos. Es un disco redondo, vigente, que no pasa de moda, con melodías alegres y letras tristes. Dificil destacar una sóla canción, pero si tuviera que elegir… me quedo con esa que dice “no quise ser tu dueño, sólo vigilar tu sueño” pero “un mes de Mayo, un mes de Abril, no sé qué tren fue el que perdí”:

    Debo decir que la letra de “Todo se transforma” de Drexler es simplemente perfecta. Brutal. Y cuando dice “…junto a tus sandalias planas que compraste aquella vez en Salvador de Bahia…” se me eriza la piel. Y de Isma… bueno, qué te voy a decir de Isma! Sabía que estaría en tu lista, claro. Ese disco creo que marcó a una generación. A la mía. A la nuestra, calculo a ojo. Claro que no a todos los de aquella generación. Pero sí a aquellos que empezábamos a creer que otro mundo mejor era posible y que un tipo, sólo con su guitarra y sus historias, podía hacer temblar a la gente. De aquel disco, me quedo con “Vértigo”. Porque “en un futuro, espero, compañero, hermano, ser un buen tipo, no traicionaros”. Confieso que no tengo muy escuchado a Manel pero hace no mucho, alguien me regaló “Els millors professors europeus” como un último intento de salvar lo que no se podía salvar. Durante un tiempo fue importante para mí escuchar ese disco y cada vez que suena “Nit freda per ser Abril” se me dibuja una sonrisa nostálgica en la boca. Porque aquella relación fue como la canción, algo que pudo ser y no fue. Y ahora “ell demà serà capaç” y “ella demà estarà més guapa”. O no, quién sabe…

    De Andrés me quedaría con tantas canciones… si tengo que elegir un disco, elijo “Honestidad brutal”. Todas las semanas lo escucho al menos una vez. Me relaja, me anima, me lleva a un lugar lejos al otro lado del charco al que quiero volver. Mientras llega el regreso, Andrés, Vicentico y Fito me alivian la espera. Y hablar de Andrés es hablar de Los Rodríguez y aquí tengo que destacar “Palabras más, palabras menos”. Es jodido encontrar un disco con todas las canciones, desde la primera a la vuelta, tan jodidamente buenas. 13 pistas a cual mejor…

    Como sé que a parte de hablar, te gusta escuchar, ahí van algunos de los discos que yo rayé…

    – “Hay poco rock & roll” de los Platero, porque me inyectó el rock&roll y se lo agradeceré eternamente.
    – “Universo abierto” de Carlos Chaouen, porque no se puede escribir historias con más arte.
    – “Javier Álvarez” de Javier Álvarez. Años después pasó por una etapa jodida y su música nunca fue la misma pero dejó esa joya de disco para la posteridad. Otro tipo que guitarra en mano marcó a una generación…
    – “Eldorado” de RevolveR. Podría cantar de memoria todas sus canciones y habré ido a cuatro o cinco conciertos. No podría elegir una sóla de sus canciones pero este disco nos dio sus canciones más míticas.
    – “Personal” de Quique González. Pasan los años y cada disco que hace es igual o mejor que los anteriores. Llevo días sin poder dejar de escuchar su último regalo en forma de disco. Aún así, aquel disco con “Se nos iba la vida” y “Cuando eramos reyes” será eterno.
    – “Mal te veo” de Rafita Pons, porque con él descubrí a este pedazo de genio que escribe canciones canallas maravillosas.
    – “Darkness on the Edge of Town” del Boss. Imposible quedarse sólo con un disco de tan extensa carrera pero este en concreto, lo rayé. No he visto (y dudo si veré alguna vez) algo más grande sobre un escenario que este pedazo de monstruo que con casi 70 palos dio un auténtico recital de más de tres horas. Para no dejar de quitarse el sombrero…

    En fin, no sé, sería terrible vivir sin música, no?

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    • Moro,no me voy a cansar de decirte que tienes que dejar de hacerme post en los comentarios y volver a escribir!!!! Gracias por comparto tus discos aquí, me has dado pistas para el volumen II. Besiños

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