Lo que ha dejado mayo

Foto de Michael Rougier

Foto de Michael Rougier

¡Aquí está de nuevo la sección intermitente!

Tengo que hacer algo con esta sección. Lo sé. Debería marcarme un día al mes y publicar esas cosas que veo o leo y que quiero obligaros a que veáis, ¡YA! Porque si no las veis quizás os pase algo malo, os sintáis seres incompletos y tremendamente infelices o no podáis respirar. Este blog está hecho también eso, para dar la tabarra sobre las cosas que veo y me apasionan.

  • Una serie: Sherlock.

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Llego tarde a todo, pero a tiempo al menos en lo que a las series se refiere.  Llego tan tarde que corro el riesgo de que no solo la hayas visto ya, sino que hayas memorizado uno a uno los casos de este dúo tan curioso.

No he sido una fiel seguidora de las novelas de Sir Conan Doyle, así que se puede decir que la serie me ha estrenado en sus aventuras. Es la versión de un Sherlock moderno que guarda todo el histrionismo del personaje. Tres capítulos por temporada de 180 minutos. La idea en sí misma ya me parece una genialidad. Fácil sí, pero genial. Traigamos al Dr. Watson y a Holmes al siglo XXI, cómo se hubiesen conocido, qué casos tendrían que resolver. Y así, con las características de su personalidad intactas y en el 221 de Baker Street comienza la aventura.

La BBC consigue hacer maravillas como esta, y crear personajes a los que les he cogido un cariño difícil de explicar. La cuarta temporada se ha rodado esta primavera y se estrena en 2017.

  • Un estreno reciente: Youth, de Paolo Sorrentino.

Después de La Gran Belleza es imposible no comparar. La película sigue en la línea de la anterior, con un cuidado extremo de la fotografía hasta hacer de la cinta, pequeños anuncios o videoclips.

Tuve que verla dos veces, no para saber si me había gustado, sino no la traería aquí, sino para entender mejor qué quería contarme con todos esos planos fijos mudos, todas esas escenas que parecen de pura belleza gratuita, pero que quien haya visto alguna de sus películas anteriores sabe que guarda a la perfección, todo eso que no dice.

Youth nos habla de la esperanza, de la dualidad que todos encerramos: del fracaso y de la oportunidad, casi siempre latente, de poder vencer. De la amistad, del paso del tiempo, del empeño por no cometer los errores de nuestros padres, de volver a empezar a reinventarse una y mil veces. Habla de la vida, de vivir.

  • Un libro reciente: El comensal, de Gabriela Ybarra.

El comensal

Para ser fiel a la realidad, no lo dejó mayo sino enero. Me lo regalé por Reyes. Tiene el mejor comienzo, sino de la historia mundial de la literatura ( ya conocen que mi capacidad para magnificar lo que me gusta es inalcanzable), sí de la mía. Creo que por eso me lo llevé a casa ese cinco de enero. Bueno, por eso y porque el título me pareció desconcertante y giré a la cubierta posterior y vi que era una novela autobiográfica, que hablaba sobre la relación de su familia con la muerte desde que ETA había asesinado a su abuelo en 1977. La violencia en la sociedad siempre me ha interesado, siempre me he hecho un montón de preguntas para entender, que no es lo mismo que justificar. Hay que tratar de entender siempre.

Gabriela Ybarra se estrena con esta novela autobiográfica tan valiente y carente de toda autocompasión o sensiblería. Consigue, desde esa distancia emocional desde la que narra,  solo describir escenas de su vida. Describe, no se implica en absoluto, solo cuenta, sin adornos, con rudeza, frialdad y es así como el lector siente lo que ella sintió los días de la muerte de su madre. La puntuación, la ausencia de adjetivos y de huir de todo eso que te esperas en un libro que habla sobre la muerte, me maravilla. Eso es lo que hizo, junto a la historia obviamente, que tuviese que levantarme de la cama sin poder controlar las lágrimas, la angustia, como si yo misma sufriese ese duelo con ella. No les voy a contar nada más, pueden googlearlo todo. Hay montones de reseñas en la red. Si alguien se decide a leerlo y quiere contármelo, me encantaría intercambiar impresiones. Empieza así:

“Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a alguno de los presentes.

El primero en desaparecer fue mi abuelo paterno. ”

  • Un clásico de la literatura : Retratos, de Truman Capote.

Había leído Desayuno en Tiffany’s y El arpa de hierba hacía un montón de años, con más pena que gloria. Tiempo después vi a  Philip Seymour Hoffman interpretándolo en la película que lleva su nombre y comencé a buscar cosas de él. Empezó a interesarme lo que había detrás del escritor. Ese tipo que describen en la película como descarado, cínico,irónico, superficial y tremendamente culto.

Para escucharle en primera persona, me compré Retratos. Recopila algunas de sus experiencias con amigos, entrevistas y recuerdos. Elizabeth Taylor, Cecil Beaton, Marlon Brando, John Huston o Marylin Monroe, son algunos de los personajes que describe. Es  una pequeña crónica de la cultura norteamericana del siglo XX, que me ha llevado a redescubrir a Karen Blixen, por ejemplo, o a apuntarme clásicos del cine que ya quiero ver con urgencia.

  • Un Disco :  Jo competeixo, de Manel.

Lleva siendo mi disco del mes desde que salió en abril. Cambian la producción del disco, suena distinto sí, más a rock, pero con el mismo folk costumbrista en las letras. Son ya, mis trovadores rockeros favoritos.

Se dice que la música salva, que cura. Si además, las letras te llevan a algún lugar conocido o no. Si las canciones son pequeñas historias que describen a la perfección momentos cotidianos, esos microrelatos en los que convierten cada canción, entonces ya es para mí la terapia perfecta.

  • Una canción: Bueno averno, de Egon Soda.

Es un poema al que han decido ponerle música. Es más que una canción, como si ser sólo una canción no fuese ya toda una maravilla. Me pasa pocas veces, pero algunas canciones consiguen que vea imágenes nítidas, fotogramas de eso que cuentan. Consiguen llevarme allí .

«…y secuestras todo intento amable, de llegar hasta tu hueso,  hasta tu sangre. Si supieras lo que cuesta encontrarte, no te irías y sería formidable.»

He dado un montón de conciertos con dedicatoria incluida en el salón de mi casa. Le he cantado una y otra vez, sola, muy alto, con la garganta hecha jirones, a ver si me escucha desde allí.

Las palmadas en minuto 2:37, ese final. Todo. Todo,es una maravilla.

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