La vida sensible

la-vida-sensible

Algunas de las personas a las que más respeto, no puedo tocarlas. A otras, ni siquiera las conozco. No puedo hacerles preguntas, ni mirarlas a los ojos.

En estos días de titulares, gente reunida vendiendo humo, en los días del desgobierno yo reivindico el valor de lo sensible. El valor de gente que sin vicepresidencias, sin cargos imputados en sus listas, sin miradas al tiro de cámara, hace del cambio social una realidad más que latente. Valientes que miran a los lados para decidir en función de lo que creen les reportará más bienestar emocional, y será testamento vital para la siguiente generación.

Maixabel Lasa es la viuda de Juan Mari Jauregi, ex gobernador civil de Gipuzkoa, asesinado por ETA de dos tiros en la nuca, el 29 de julio del 2000. Casi quince años después, Maixabel recibió una carta del asesino de su marido. La vía Nanclares daba los primeros pasos y ella fue una de las primeras víctimas, que se sentó a hablar con la persona que más daño le había provocado. Después de aquel día, hubo más. Yo me enteré por una entrevista que los dos, juntos, concedieron a EL MUNDO el año pasado.

Cada año, amigos y familiares de Juan Mari se reúnen para rendirle homenaje. El 29 de julio de 2014, su asesino, el mismo con el que su viuda se ha sentado a hablar, Ibon Etxezarreta, pidió asistir al acto. Este año lo ha vuelto a hacer. Lo hace con un ramo de rosas rojas y una blanca. Las rojas representan el tiempo que hace que Juan Mari no está. La blanca celebra los años que hace que para él, para Ibon, todo ha cambiado. Es el blanco de la búsqueda de un camino nuevo, de un principio que no parece fácil, tampoco para él.

Cuentan en EL PAIS que, al terminar el acto, Ibon deja el ramo en la placa conmemorativa y besa a Maixabel que le sonríe con los ojos muy abiertos. Terminan en el monte al que Juan Mari subía con amigos. Maixabel se acerca a Ibon y le pide subir con él en coche.

“Es la manera de Maixabel de incluir a Ibon. De normalizar una situación que a muchos les parecerá extraña, incluso imposible, que en su lugar jamás harían, pero que ella tiene la capacidad de transformar a través de lo sensible. Convierte el lugar del dolor en algo positivo”.

Cuando alguien habla del daño causado por quien reparte violencia, parece humano sacar el lado más visceral para repartir justicia. Ocurre siempre, se llame como se llame la víctima. No importa demasiado quién reparta la violencia, el que la recibe suele mentar a la imposibilidad de perdonar y reacciona.

Hace unos días en ese bar siempre dispuesto a la trifulca que es Twitter, ese sitio donde no vemos más que la puntita de las cosas para formarnos una opinión, alguien me dijo que si hubiesen matado a alguien de mi familia, no pensaría así.

No sé cómo pensaría. No puedo saberlo. No quiero. No me atreveré a juzgar la reacción de nadie ante algo tan doloroso. Lo que no puedo evitar es pensar en la vida no vivida. En la mía, lo hago a menudo. La madre que me gustaría ser, la escritora, la profesional, la compañera de trabajo cuando las cosas se pongan feas, la esposa ante un divorcio, la enferma de cáncer. Mi nivel, no sé si, de exigencia o responsabilidad, quizás mal entendida, no para en el hoy y se asoma a situaciones que espero no tener que vivir nunca, pero en las que pienso. Hay quien dice que esa es la manera que tiene el cerebro de prepararse para el dolor, anticipar los cambios. Son cosas que no están ahí, que pueden o no pasar, pero creo a pies juntillas que la manera en la que cada uno las afronta contribuye a que tu entorno sea un lugar mejor. Cómo me gustaría reaccionar ante esto o aquello, el testamento vital que me gustaría dejar a mis nietos. Convertir el dolor en algo positivo.

Así que si yo pudiese elegir, elegiría ser como Maixabel. Elegiría hablar como lo hace ella, elegiría dejar a un lado el odio y construir. Si pudiese elegir sería Ibon.  Elegiría ser capaz de haberme equivocado, de sentirme despreciable y aguantar la mirada del otro, mientras me convenzo de que merezco otro principio. El más difícil de los principios.

Hace unos días terminé Patria, de Fernando Aramburu. Algunas novelas, consiguen que le pongas cara a cada personaje, que pases página al calor de tus sábanas y tengas que incorporarte para ahogar el llanto o la risa. Te metes ahí dentro y cuesta salir, no quieres que se acabe. Todas las partes rotas, repartiendo dolor o recibiéndolo. He llorado mucho leyendo, me he reído mucho también. No me atrevería a decir que es una radiografía de nada,  pero lo que sí me parece, es un ejercicio maravilloso de empatía. Escuchar lo que siente cada parte, hacerse preguntas y no encontrar todas las respuestas, pero buscarlas siempre como cimiento de un principio. El perdón como descanso. El perdón como asa a la que agarrarte y seguir. El perdón inútil. Las respuestas a las preguntas que más cuesta formular.

Algunas cosas, no ganan nada al simplificarlas. Son demasiado grandes, demasiado dolorosas para esconderlas en un lugar sin vistas. Todo es lo que es. No pierde un ápice silenciarlo.  Es importante escuchar. La comunicación. El silencio, voluntario o no, nunca trae nada bueno.

Anuncios

2 comentarios en “La vida sensible

  1. Que bueno que existan Maixabeles para que pueda también haber Ibones, y cuando la “justicia” se apodera de nuestra conviccion, podamos creer en otra manera de vivir.

    Hay personas a las que vale la pena dejarlas hablar para hacer ese ejercicio tan honesto y provechoso del que hablas, que es escuchar.
    Asi que tú sigue contándonos cosas, que nosotros seguimos escuchándote con sonrisa de felicidad en los labios y en los ojos.
    Besiño

    Me gusta

Dime...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s