La niebla

la-niebla

“Yo era primero y estaba equivocado, y lo prefiero a ser segundo y acertar.”  Iván Ferreiro.

Tuve un profesor en la autoescuela, que siempre decía que había tres fenómenos críticos para la conducción: la primera lluvia sobre el asfalto seco, el  momento en que empezaba a nevar y la niebla. Requieren una prudencia y una concentración extraordinarias. Sobre todo la niebla, decía.

La niebla oculta el camino, también las curvas hasta que ya estás en ellas. La niebla baja, cubre las copas de los árboles para que tengas que adivinar la altura mirando solo el tronco, y hace desaparecer edificios y puentes. La niebla que entra del mar, transforma las playas de ciudad en desiertos de arena urbanos. Diluye las verdaderas formas de las cosas, hace que tengas que intuir porque no puedes ver.

Las cosas no siempre son lo que parecen, y a menudo lo que parece obvio no resulta ser lo real. Estos días he pensando mucho en esas cosas que no se enseñan, que no sabes si han estado siempre ahí o se han colado mientras la niebla estaba baja.

Pasa con alguna gente que conoces. La honestidad como obligación, la integridad, todo está ahí. Son cosas que forman parte de la personalidad de quien tienes enfrente y que son fáciles de enseñar. Es el lado bueno, el que se enseña sin pudor al lado de quien es igual que tú, y valora lo que no es fácil de encontrar. Eso  que para ti fue imprescindible para quedarte.

Y luego esta lo otro, lo que se esconde bajo la niebla y sólo se deja ver cuando levanta. La crueldad de un momento que, de cualquier otro modo, podía haberte mantenido tú. La ausencia de altruismo y compasión con quien sabes está en una posición más débil. Hacerte fuerte a costa del otro. Todo eso que no se aprenden por contagio y que no se enseña en los libros.

Puedo decir más cosas, pero no sé…no creo que haga falta”, y la sonrisa entre los dientes levanta la niebla.  Unas piernas ligeramente abiertas sujetan los hombros apoyados sobre el respaldo de una silla. Brazos cruzados y la sonrisa entre los dientes, de quien se hace fuerte ante tu lado más vulnerable. La frialdad de un sálvate tú desde la orilla, mientras nadas para mantenerte a flote.  Esa frialdad que es peligrosa al hacerse crónica, porque hace que uno pierda todo el contacto con los demás, con la realidad que está ahí fuera, lejos del ombligo.

Todas esas molestias para enseñarte que hay gente de primera y de segunda, y ya sabes dónde estás tú para. El empeño en que te coloques en el lugar que te corresponde.

Quédate inmóvil. Siente que acaba de suceder algo irreversible. La catástrofe solo tiene que terminar de suceder. Quién eras antes. ¿Ha estado la niebla siempre ahí?

Levanta la niebla para que despeguen los aviones, y se lleva el respeto a quien más respeto has tenido jamás. Levanta la niebla y te enseña, que los gigantes ahora son molinos. Como una broma, terrible y cegadora, tan deslumbrante como lo es la libertad.

Anuncios

Un comentario en “La niebla

Dime...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s