Aunque a veces duela

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A veces me siento frente al ordenador sin saber bien qué es lo quiero decir.  Hoy tengo una idea de lo que quiero contarte, pero no tengo claro si lo que saldrá de aquí será eso exactamente.

Hace unos días, un amigo me envió por mail un vídeo que corre por las redes y que ha impulsado la Generación 2015. Es uno de esos que tocan la patata en estas fechas, pero que en enero, por suerte,  ya se nos habrá olvidado. No sé si podría vivir siempre subida al alambre, pensando en si esa es la última vez que veré a alguien o dónde estará ese cuerpo, o el mío, por estas fechas el año que viene. El vídeo, que seguro has visto, pregunta qué regalarías a esas personas que son tu red de seguridad, un par , quizá tres, y qué otra si supieses que estas son sus últimas navidades.

Tiempo. No planes, tampoco huecos, tiempo con esos cuatro o cinco a los que te gusta escuchar y contarles cosas. Hablar de cosas serias, reírte hasta que te duelen los mofletes. Neveras llenas de las cosas que les gustan, lugares que quieres compartir, gente que quieres que conozcan. Tiempo. Tu tiempo.

Yo siempre sé qué es lo que más me gusta, las personas que forman parte de mi red de seguridad, siempre. Mi canción favorita, la película que podría ver una y otra vez sin detestarla, mis personas favoritas. Todo está clarísimo hasta que alguien se empeña en hacerme elegir. No, dime una película. No, que no sean de tu familia.  La canción que más te gusta del mundo mundial. Dudo muchísimo. ¿Te pasa a ti también? Entonces, me voy a la memoria reciente, a quién ha estado cerca las tres veces que este año me han temblado las rodillas. Aunque siempre, todos los años, se han repetido algunos nombres. Esos que jamás esperas que te fallen, tampoco que falten, y sin los que tu mundo es un sitio al que cuesta trabajo acostumbrarse.

Pero algunos años se acaban nada más empezar, un veintiséis cualquiera. Todavía estás desempaquetando propósitos, y de repente no pasa nada más. El año es y será eso, aunque queden más de trescientos días para hacer de él otra cosa. Una espiral de nada, un bucle infinito de recuerdos que se alimentarán entre sí  porque el copropietario ya no está. Uno se convierte en un espectador en fila cero a su propia vida. Los días pasan, pero la vida no sigue. Y aunque ahora intentes pensar en todos esos días que han pasado, en lo bueno que han traído, inevitablemente uno sólo recuerda ese día que, sin uvas, sin confeti, el año puso punto y final a las doce de la mañana un martes cualquiera. En los días que vinieron después y que no fueron más que eso, días. Las sonrisas en las fotos, los trajes de miel, el empeño por sacar la cabeza mientras pataleas para mantenerte a salvo. El empeño por parecer feliz, por serlo. El año tiene y tendrá el nombre de los que se han ido para siempre. Quizás un día olvides qué año fue, pero llevará siempre su nombre. El nombre de ese, al que no volverás a abrazar. No hay posibilidad de una escapada de aquellas, de un audio a las seis de la mañana para cantarte, ni una borrachera más.

Uno no puede sentir la angustia de alguien que ha visto morir a quien quiere, es imposible ponerse en su piel y sentir el vacío, el dolor. Puede imaginarlo cuando lee la carta de amor que Rafa Cabeleira escribe a su mejor amigo, muerto este año en un accidente de tráfico.

“ALGUNOS DÍAS me levanto de la cama con la sensación de que todo sigue igual que siempre, de que nada ha cambiado. Me arrastro hasta la ducha, me ato una toalla a la cintura al salir, y en la cocina rescato cualquier mierda de la nevera que mi estómago pueda entender como un desayuno. Luego enciendo el teléfono y compruebo si tengo algún mensaje nuevo de Pablo, antes de escribir cualquier payasada en Twitter y sopesar la posibilidad de trabajar un poco o abandonarme al visionado compulsivo de porno. Enseguida caigo en la cuenta de que ya son varios los meses transcurridos sin que mi amigo de la infancia, mi eterno compañero de batallas y padrino de bodas, me envíe mensaje alguno, ni siquiera un triste emoticono. Entiendo y respeto sus motivos, aunque no los comparta, así que me cabreo, estampo el móvil contra la alfombra y cierro los ojos hasta quedarme nuevamente dormido”.

Y luego están los otros muertos, los vivientes. Esa gente que está en algún lugar, que creíste que siempre estaría pero ya no forma parte de esos que  encerrabas en la palma de una mano. Gente que has perdido este año y a la que aun te sabe la boca. Es difícil lidiar con la decepción, con el dolor de una pérdida en vida de un amigo que ya no lo es, que quizás no lo haya sido nunca, de la pareja que un día pensaste que estaría ahí para siempre. Todos somos el muerto en vida de alguien. Todos tenemos alguno.

Lo escribe Javier Marías en su columna “Las amistades desaparecidas”.

“Uno puede no ir contra él, no atacarlo, no buscar perjudicarlo en atención al antiguo afecto, por una especie de lealtad hacia el pasado común, hacia lo que hubo y ya no hay. Lo que es casi imposible es que no lo borre de su existencia. Uno cancela todo contacto, pasa a hacer caso omiso de él, lo evita, y cabe que, si se lo cruza por la calle, mire hacia otro lado, finja no verlo y ni siquiera lo salude con el saludo más perezoso, un gesto de la cabeza”

El año nuevo llega, y en la puerta de embarque uno hace balance. A un lado las llegadas, al otro las salidas. Nadie cubre el hueco de nadie. No seré yo quien te enseñe esto. Ni esto, ni nada.

Escribo esto mientras tiemblo. Así, literalmente. Me cuesta trabajo acertar con las teclas. Tiemblo cuando estoy nerviosa. Aquel día no faltaba calefacción. Tenía miedo. Y lloro, porque soy muy ridícula  y siempre lloro con las mismas ganas con las que rio, y no puedo evitarlo mientras escucho esto. También sin escucharlo. Tampoco hacía sol, pero  así las Ray Ban no te dejaban ver las lágrimas.

Me está quedando esto tristorro de carallo, ¿eh? Pero mi año se termina así, escuchando canciones alegres o no, que me hacen bien. Me  emocionan, me hacen mirar atrás para mirar hacia adelante mejor. Dando importancia a lo único que de verdad me importa, la vida sensible. El lugar que esos que forman o formaban parte de mi red de seguridad ocupa, el que no ocuparán más. Nunca he sabido pasar por las cosas de puntillas, siento así. Y ya lo siento. Necesito procesar las emociones, lo bueno y lo malo, sentirlo ahí, dejar que duela si tiene que hacerlo, mirarlo de frente.

Cierro el 2016 con dudas nuevas, certezas que han dejado de serlo y que me han dejado a este lado, temblando como ahora. Llorando pero con media sonrisa asomando entre los dientes apretados. Pero también conservo algunas certezas.

Las flores frescas hacen casa. El lugar que cada punta de tu red de seguridad ocupa, no se mide sólo por el afecto que tú sientes hacia ellos, se mide también con el afecto que ellos demuestran hacia a ti. La cerveza siempre en cristal. Las tormentas son preciosas a cubierto. De la gente que te quiere, no tienes que defenderte. Los limoneros son mi árbol favorito. Ningún invierno ha durado para siempre. La tristeza es un sentimiento tan necesario como la alegría, no es sano hipotecarse por ninguno de los dos. El leopardo araña, pero no ahoga. Los finales siempre traen principios. El único amor incondicional debería ser el de tu perro.  No todo el mundo se merece ver tus dos caras, ni la buena ni la mala. Las camas, siempre deshechas. Hay mucha felicidad en lo inútil, no la desaproveches. La casa y el corazón siempre abiertos. Lo bueno de tener que escucharlo todo, es que nadie puede prohibirte que escuches el sonido del mar. Sólo conozco una manera de construir, mirar atrás. La gente te dice como es, pero nos empeñamos en que sea como nos gustaría que fuese. Pensar no duele, tampoco adelgaza. Lo valiente, no siempre es quedarse. Cada uno vive como folla.

La vida iba de perder. Es el fútbol moderno es el que va de ganar, no de jugar. La vida es perder pelo, amigos, amor, elasticidad y cartílago, pero siempre hay que salir a jugar. Con las rodillas temblorosas y el corazón encogido, pero salir a jugar como en aquellos campos de tierra. Bailarle a la vida de cerca, aunque a veces duela.

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4 comentarios en “Aunque a veces duela

  1. “Uno no puede sentir la angustia de alguien que ha visto morir a quien quiere, es imposible ponerse en su piel y sentir el vacío, el dolor.” Ojalá nadie tenga que sentir esto, aunque la vida va de sufrir y disfrutar, eso dicen…Descripción muy buena de lo que sentimos los que hemos o estamos pasando por la pérdida de alguien que , en este caso, no logró salir con vida de la “tormenta de arena” (tan bien descrito en Kafka en la orilla).
    Muy bonito, gracias.
    ¿ Dónde nos estarás esperando para seguir cantando?

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    • Gracias a ti por pasarte a leer. Estos días son jodidos para echar de menos a quien ya no puedes acariciar, No sé si hay algo que calme la angustia. No tengo ni idea, la verdad. Este año he leído un montón de cosas sobre el duelo y hay una cosa bonita pero muy dura que te dejo aquí por si te ayuda. El libro se llama El año del pensamiento mágico de Joan Didion. Es una autobiografía de un momento de la vida de la autora. Mientras su hija estaba en coma en el hospital, su marido se murió de repente. Es una reflexión sobre la pérdida desde una serenidad brutal. Si quieres leer algo bonito y más llevadero sobre lo mismo y más cosas, de Rosa Montero que se llama La ridícula idea de no volver a verte.
      No sé si es buena idea leer sobre eso que no puedes quitarte de la cabeza, pero a mi la literatura siempre me ha dado calma. Un abrazo grande.

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  2. Es precioso Mer! Qué haríamos sin un poco de poesía para continuar. Sólo hay una cosa que me ha raspado un poquito…Dejar de sufrir no es olvidar, no lo es fuera del papel. No se quiere menos, ni se traiciona a nadie. porque no duela. Olvidar es imposible fuera del papel, ni tampoco creo que sea necesario. Olvidarlo todo? Nooo. Aprender a vivir recordando, sin que duela. Dejar de sufrir debería ser obligatorio, ojalá hubiese un plazo en plan…dos años, quince meses. Si olvidar es también llevarse lo bueno, yo diría no. Pero por suerte no es así. Todo se queda ahí, pero hay que tratar de que no duela. Un besiño enormeeeee. Gracias por el link, ya está en mis favoritos!

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