El postureo de la fruta

las-motas-de-la-frutaPuerta con mi portal, hay uno de esos ultramarinos de aire vintage que hacen las delicias de los modernos de ciudad. Es una tienda preciosa, con estanterías al techo y baldas de madera sujetas con hierro forjado frente al mostrador principal. Al fondo dos mesas vetustas, recogen frutas y verduras fresquísimas en bonitas cestas de mimbre,  que los dueños descargan cuando nos encontramos antes de que salga el sol.

En el escaparate un bodegón de  manzanas del verde más verde, fresas de un brillante rojo en enero,  caquis del mejor naranja. Me paro frente a él un par de veces al día, con la misma sensación que cuando me presentan a esas personas rectas, sin vicios, o cuando conozco a alguien que siempre parece feliz. Dónde están las motas en la fruta, dónde van a parar las frutas magulladas al carse del árbol. Dónde está la tierra en las lechugas o los puerros. Por qué nos empeñamos en que todo parezca lo que no es.

Comer con los ojos, escuchar con el corazón, sentir con el cerebro.

Juzgar el sabor de la fruta por su apariencia, hacerlo conmigo por lo que escribo aquí. Todo parece ideal, perfecto, es ese gesto involuntario, como un pestañeo, por sacar conclusiones sólo con una parte de lo que vemos. Juzgar el compromiso social por lo que cuelga de nuestros muros de Facebook o tu vida por las fotos que compartes en esta u otra red social. El que no se enseña parece no existir, está fuera del ruido aunque el ruido no sea más que eso. Un sonido ensordecedor que no dice nada y que aturde de tal manera que hace más necesario que nunca el sentido crítico, la opinión firme y la duda.

Nos hemos convertido en esclavos de la aprobación social. Ya no llega con tener una opinión sobre algo, es necesario compartirla y que los demás piensen como tú. Uno se siente atacado ante el que disiente de sus maneras, ve en el acto un juicio, en el de enfrente a su juez. Este verano di uno de mis mítines bajo el parral de casa de mi abuela. Soy bastante vehemente, muy a mi pesar, así que cuando se sirve la confianza con el café, los que me conocen me tocan las palmas y yo salgo a bailar. No eran opiniones muy populares entre la mayoría de los presentes, y mientras la conversación subía de tono, resguardada por esa capacidad que da la confianza de calentar el debate y que no pase nada más, que todos los afectos sigan intactos, terminé el speech con un  Oye, que a lo mejor dentro de diez años tengo que comerme toda esta mierda. Qué paz en la cara del otro cuando tus opiniones sobre esto y aquello parecen sujetas al paso del tiempo. Qué seguridad en el de enfrente cuando esa frase final, parece poner en valor su manera de pensar y vivir. Qué felicidad creer que la vida no es más que eso en lo que ellos creen, que así es, que han hecho y hacen bien en ser así, vivir así, porque ese es el único camino, el correcto. Qué empeño en ser tu más severo juez.

En la era del postureo todos queremos ser guapos, felices y que todo el mundo lo vea. Creemos que las opiniones van de eso, de ser correctas, como si fuesen juicios. Hemos hecho ley la aprobación social. Elegimos los libros por los miles de lectores que ya lo han hecho, nos creemos escritores por escribir. Colgamos las mejores fotos y publicamos eso que a los demás les gusta y que parece decir algo de nosotros. Todos somos fans de Bowie o de Cohen, pero sólo el día que mueren.

Todos queremos ser la manzana más verde, la más apetitosa del escaparate. Pero uno es más esa fruta que se ha caído del árbol, con motas y tierra. Uno es la camisa sin planchar, el pantalón con el dobladillo descosido. Uno, como la vida, no siempre brilla, y no sólo es importante que sea así, es inevitable.

Los tenderos sacan brillo a las manzanas para colocarlas donde puedas verla. El mundo parece cambiar muy rápido, pero sigue habiendo que moder la fruta para saber cómo sabe.

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4 comentarios en “El postureo de la fruta

  1. Que gran virtud es plasmar lo que muchos pensamos, pero que sólo al leerlo podemos decir:”eso, eso…exactamente asi lo veo yo”
    Enhorabuena por otra excelente reflexion
    Un besiño artista!

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