Ajedrecistas de oficina

Anna

La mujer de la foto es Anna Muzychuk,  la actual campeona mundial de ajedrez. Hace unos días ha renunciado a participar en el campeonato  mundial que se celebra en Arabia Saudí, por una cuestión de principios. Se niega a ser considerada una persona de segunda debido al trato que las mujeres reciben en este país. No participarán ni ella, ni su hermana Marlya. Perderá dinero y es probable que también el título.

A mí la épica y la utopía, me parecen imprescindibles para vivir. Asumo la condena, no se preocupen, conozco los riesgos.  Soy simpatizante del Atlético de Madrid, fan hasta las trancas del Cholo y el Mono Burgos. Siempre creo que voy a ganar en el último minuto.  El gesto de Anna  y su hermana me emociona, lo aplaudo y es necesario para cambiar las cosas. Es necesario que haya más mujeres y hombres que antepongan sus principios a sus intereses económicos, educando juntos a sus hijos así. Hombres y mujeres despiertos, conscientes e implicados en la lucha por la igualdad.

Hace unos meses, una amiga participó en un proceso de selección para una empresa de unos cien empleados. En la sala de reuniones los dueños, un hombre y una mujer de unos cincuenta años, y el responsable de RRHH alabaron su trayectoria. Hablaron de temas profesionales en una conversación distendida, hasta que llegó ese momento que casi siempre llega.

Tienes 38 años, ¿no? Mi amiga asintió. ¿Tienes pareja? Mi amiga vio llegar la tormenta y decidió dejarla entrar. Mintió,  dijo sí.  ¿Tenéis hijos?¿Estáis pensando en tenerlos?

Ella frunció el ceño y sonrió levemente. Escuchó los primeros truenos y decidió abrir las ventanas. Perdona, no entiendo bien a dónde quieres llegar. Sí sabía, claro. Siempre lo sabemos. Nosotras y los señores con corbata/ sin corbata/camiseta/camisa lisa/ camisa de rayas/camisa de cuadros sin americana y con parka. Lo sabemos todos.

-Bueno, me gustaría conocer cuáles son tus circunstancias personales- dijo educado y con una sonrisa tímida.

-Bueno, no me has preguntado por mis circunstancias personales. No me has preguntado si tengo personas a mi cargo, ni por mis antecedentes médicos. Tampoco si padezco  alguna enfermedad grave que requiera tratamiento o sea susceptible de baja laboral. Quizás ibas a preguntármelo ahora y me he adelantado…

El responsable de RRHH la miró perplejo. La mujer bajó la mirada, cogió su teléfono móvil y mi amiga vio una media sonrisa que la tranquilizó. El hombre, nervioso, farfulló varias respuestas. Educado, muy educado, acertó a decir: Bueno, son tus circunstancias más inmediatas y evidentes por tu…. Antes de que pudiese decir mujer, condición o algo semejante, su compañera lo cortó.

No es relevante para el puesto, para ningún puesto aquí. Si no quieres, no tienes por qué contestar. Nos gusta conocer la situación personal de nuestros empleados, nos preocupamos por ellos, pero como te he dicho no hace falta que contestes- dijo serena y muy educada.

-No, no te voy a contestar a esa pregunta. No lo voy a hacer porque no me habéis hecho ninguna pregunta personal que pueda tener impacto en mi despeño salvo si quiero ser madre, y no creo que tener hijos influya en el desempeño laboral de un hombre o una mujer, así que no te voy a contestar. Entiendo que hay preguntas tan normalizadas que parecen normales, pero no lo son. No lo son  para mí.  

El hombre la miró y miró su curriculum, hizo algunas preguntas profesionales más y le describió las funciones del puesto ofertado. Mi amiga también hizo algunas preguntas en relación al puesto. Se despidieron con el clásico, ya te llamaremos.

Mi amiga no es ni más valiente, ni más cobarde que tú. A mi amiga, el puesto ofertado le interesaba más bien poco. Pero ¿qué hubiese pasado sino fuese así? ¿Qué hubiese ocurrido si aquella fuese la oferta laboral de su vida, la oportunidad que estaba buscando? ¿Qué pasaría si estuviese embarazada?  Probablemente hubiese contestado a todas las preguntas, normalizando lo anormal, habría jugado a su favor. No es ninguna imbécil, sabe que los principios no pagan las facturas, la hipoteca, tampoco los viajes a Islandia. El mundo laboral no está hecho para héroes, menos hecho está para heroínas.

Al gesto de mi amiga, no lo afea el hecho de que la oferta le interesase poco. Lo más fácil hubiese sido contestar. El gesto es necesario, lo es independientemente de lo que mi amiga pierda por no renunciar a sus principios,  a su compromiso personal por no asumir como normal lo que ya no lo es. Ya no.

Los gestos individuales como el de mi amiga o el de las hermanas Muzychuk, son dignos de toda alabanza y respeto. Son gestos como los de muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia comprometidos personalmente con cambiar eso que no consideran justo. Pero no son más que eso, un gesto individual. Aleteos de mariposa. No podemos esperar que sean los ciudadanos los que salven el mundo y lo hagan más justo. Es frustrante y ridículo hacerlo.

Le pedimos a Elsa Pataky o a Blanca Suárez, que se revelen cuando Pablo Motos les hace preguntas fuera de lugar sobre sus cuerpos. Le pedimos a Cristina Pedroche que sea consciente de lo que implica la atención sobre el vestido que cada año elige para dar las campanadas. Les pedimos a los actores que renuncien a firmar contratos si sus compañeras actrices no tienen las mismas condiciones salariales. Y sería genial que lo hiciesen, sería estupendo que todos fuésemos conscientes de la desigualdad y primásemos esos principios. Creo que sería genial que lo hiciesen porque ellos tienen la luz de los focos y esa visibilidad es muy importante para el cambio. Pero no podemos pedirle a nadie que se convierta en héroe. Todos son gestos necesarios, aleteos de millones de mariposas, pero no se cambia el mundo solo a base de épica.

Estoy segura de que el empresario que entrevistó a mi amiga es un tipo comprometido con varias organizaciones a favor de los derechos humanos, el medio ambiente o cualquier otra causa justa que pasa por su cuenta corriente semestral, mensual o trimestralmente. Estoy segura de que educa a sus hijas para que tengan las mismas oportunidades que sus hijos varones. Pero mientras, con sus gestos, mantiene intacta la desigualdad laboral. Aconseja a sus empleadas que renuncien a reducir su jornada para así crecer profesionalmente, se lo piensa cuando tiene que contratar a una mujer, lo hace por su condición, por eso hace esas preguntas a las candidatas. Porque si no es relevante, si no va a influir en la decisión final, ¿por qué lo preguntas?

El gesto tiene que llegar de quien tiene el poder, que es quien tiene el dinero. Son los empresarios los que tienen que tener un compromiso ético con el cambio. Son también las organizaciones las que deberían dejar de ganar dinero organizando torneos en países que creen que las mujeres son ciudadanas de segunda. Son los clubs de fútbol los que no deberían admitir como patrocinadores a  países que no respetan los derechos humanos. Es el Estado quien debería equiparar las bajas por maternidad y paternidad. Esos son también los gestos que yo espero, los que valoraría y respetaría tanto como los de esas heroínas anónimas como mi amiga o las hermanas Muzychuk. Pero ya saben que yo soy del Atlético de Madrid. Siempre creo que se puede ganar en el último minuto, sigo fiel a la épica, pero me he acostumbrado a perder. Sabemos perder.

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3 comentarios en “Ajedrecistas de oficina

  1. Cuando me entrevistaron para hacer una maestría, estaban cinco profesores, cuatro hombres y una mujer. La charla fue sobre mis antecedentes académicos y mi situación laboral, hasta que la profesora preguntó si era casada o pensaba casarme. Pregunté si era relevante para ser aceptada en la maestría, contestó que si me casaba y decidía tener hijos, podía ser causa de que decidiera darme de baja para ser madre, contesté tajante: “las preguntas son sobre mi vida privada y eso a ud no le interesa pues estamos hablando de mi trayectoria académica”. Uno de los profesores dijo: para mi lo relevante es que viene de la carrera de matemáticas y ya no hay más preguntas. Así, él dio por terminada la entrevista y quedaron de llamarme para saber el resultado.
    No sólo los hombres empresarios toman decisiones sobre nosotros, también algunas mujeres, siguen perpetuando la idea de que las mujeres no podemos.
    Gracias

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    • No he querido decir eso, siento que se entienda así. Lo único que he hecho es reproducir una situación real. El machismo está enraizado en la sociedad, todos nos hemos educado en él. Lo que si es cierto es que las mujeres, que son quienes sufren la desigualdad. Solo eso. Gracias por leer.

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