La importancia de sumar letras

 

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 ” Ser libre é ser máis”

 ‘Cedeira’, de Guadi Galego.

En mi familia, largas son las sobremesas en las que los ánimos se van calentando hasta disolverse de modo casi siempre poco amigable. El aborto, la libertad sexual, las políticas sociales, el nacionalismo patrio, sea este el que sea, han terminado a menudo con una frase memorable de mi madre: ” Si no fuésemos madre e hija, no seríamos amigas.”

Las dos sabemos que es mentira, que la amistad no se mide por el número de opiniones que tienes en común con el otro. La amistad, como cualquier otra relación que construye una sociedad más justa y libre, se sostiene en el respeto. Es el respeto el que asegura que la confianza en el otro se mantenga sólida. No hay confianza sin respeto. O quizás sea al revés y en base a esa confianza familiar, la frase memorable de mi madre no lleve aparejada ninguna falta. Ese dar donde más duele que se permiten los progenitores sabiendo que el vínculo les exime de cualquier daño. Una crueldad que no les pasará nunca factura. La misma crueldad que yo me permito como hija cuando mientras me levanto de la mesa le espeto: “Totalmente de acuerdo. Cuando tienes razón, hay que dártela. “

Se me ocurren montones de ejemplos que desbaratan mis tesis de mantelillo. Otros tantos que la confirman. Busco confianza en la RAE. Muevo plantas de aquí para allá. Las arrastro del baño al pasillo, del salón al baño. Espero encontrar un orden fuera que ordene mis ideas. La Costilla de Adán que hace meses envié al pasillo para evitar así la luz directa, vuelve a la ventana para que siga creciendo frondosa. Viaja de dentro hacia afuera como todo eso que no se ve pero está ahí.

Busco respeto en la RAE. Pienso en todas las veces que habré faltado yo a alguna de esas palabras. Solemos buscar faltas en los demás, sin reflexionar cuántas de esas faltas hemos cometido nosotros. A las personas como yo, siempre nos resulta mucho más sencillo perdonar que perdonarnos. Lo digo en alto mientras evalúo todas las veces que he creído perdonar y era mentira.

Desde el sofá leo un artículo que cifra en miles las búsquedas en páginas porno de “empleada Iveco”. Pienso en base a qué se construye esa masculinidad que hace de la pérdida del respeto, del asalto a la intimidad, estímulo sexual. Por qué ese patrón de conducta tiene género. Por qué mis amigas y yo no encontraríamos nada curioso o  morboso, ver al ex de otra hacerse una paja. Miles de búsquedas en la red que hacen que el buscador de Google rellene con Iveco la palabra empleada. ¿Es el primero que se salta las reglas el único responsable? Busco ética en la RAE.

De repente, recuerdo una imagen. Estoy de puntillas. En la mesa camilla de la sala de estar, en casa de mis padres, sumo letras en una libreta cuadriculada:

A+B= C ; D+F= E

(A B C) + ( D E F) = C D C

Cualquier psicoanalista se frotaría las manos con el empeño de una cría de seis años en encontrar su propio orden lógico; con esa libertad de sumar letras cuando todo el mundo sabe que solo se suman números. Busco sumar en la RAE. Menciona varias veces la palabra cantidad. Me molesta.

Leo artículos en los que se pone el foco en palabras como: madre, conducta, precio, irresponsabilidad. Todas ellas dedicadas a la víctima, a eso que según el orden establecido debió de hacer y no hizo. Busco desigualdad en la RAE. Oigo a un torero hablar de cómo son los hombres, del impulso. Me alegro de no conocer a esos hombres. Yo conozco a hombres buenos. Tipos para los que esa masculinidad en la que han sido educados, cada vez les representa menos. Tipos que se empeñan en sumar letras mientras una parte de la sociedad les sigue recordando que solo se suman números. Hombres que suman sin ser cifra de ninguna cantidad.

Quizás todo esté ahí. En la importancia de sumar letras y con ellas construir palabras. Palabras que contruyen puentes entre tú y los demás. Palabras que sumen. Quizá todo esté en eso que dice Luís García Montero, en no corromper las palabras, en darle importancia en la vida personal y en la colectiva: “A mí me parece que la conciencia actual, la conciencia crítica, debe ser sobre todo precavida, y debe reflexionar sobre el pasado y sobre el presente para aprender las lecciones, y cada cual debe hacerlo en el compromiso de su vida personal, de su trabajo y de su ética como individuo. Reconstruir las ilusiones colectivas gracias a las experiencias personales. Yo, por ejemplo, en mi trabajo como poeta, con el lenguaje, me he sentido responsable para pensar en la sociedad y he comprendido hasta qué punto la corrupción de las palabras es un síntoma de la corrupción de la sociedadEn mi trabajo como poeta, con el lenguaje, me he sentido responsable para pensar en la sociedad y he comprendido hasta qué punto la corrupción de las palabras es un síntoma de la corrupción de la sociedad.”

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