Maneras de escuchar

The Seasons in Quincy 0

El padre de John Berger cortaba una manzana en cuatro partes. No lo hacía de cualquier modo. Primero hacía dos mitades, y de cada una otras dos. Luego quitaba los corazones de semillas que correspondían a cada parte, la piel de cada trozo y la ponía delante de su plato para que comiera. Él,  que solo tenía tres o cuatro años, reconoce en ese gesto de su padre los cuatro años de infantería que pasó en las trincheras del oeste de Francia. Nunca hablaba de aquello, no era un hombre de muchas palabras. Guardaba en una estantería los mapas de aquellos años en el ejército, escribía en ellos de vez en cuando y si John le sorprendía, él se sobresaltaba. Los guardaba rápidamente y mascullaba: ” Solo estaba buscando algo”. Sigue leyendo

Cortinas y estrofas

Olivia Bee

La fotografía es de Olivia Bee

CORTINAS

Hace unos días, mientras tendía la colada, una vecina colgaba unas cortinas. ” Perdona, ¿te puedo pedir un favor? Me voy a poner detrás, ¿me dices si me ves?” Se echó la cortina por delante y no hizo falta que le dijese nada, ella me veía perfectamente detrás de ese visillo como papel de fumar. “No hay posibilidad de intuirte”, le dije. Y nos echamos a reír. La cortina sigue ahí, tratando de tapar un cuerpo medio desnudo, una escena íntima o simplemente las rutinas, por muy simplonas o poco escabrosas que sean. Son suyas. Sigue leyendo

Aprender a follar

 

Libros

“Hay algunos libros, pocos, que son como los seres humanos, inacabables. No nos aburrimos de las personas porque en realidad nunca las conocemos del todo, nos dejan de gustar, que es mucho peor”- Milena Busquets

Hace años lo hacía del tirón,  no me permitía siquiera un mimadriña esto es infumable. Nunca lo hacía en la cama, me parecía un acto de respeto hacia el autor. Por aquel entonces solo iba a la cama, a dormir o a follar. Para leer elegía un viaje en tren, una playa o un banco.  Aún me encanta hacerlo en los trenes, prefiero los trenes a los parques, pero cada vez me gusta más la cama. Sigue leyendo

Pequeña Miss Sunshine

 

Niñas Estocolmo

”No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves”

Mario Benedetti

El abuelo entra contigo en el colo. Aquí, a los niños no los llevamos en brazos, aquí los cogemos en el colo o les damos un colo. Camina unos pasos y te baja al suelo. Tú aún eres muy cativa y los brazos del abuelo son largos, pero no lo suficiente como para no tener que descolgarse sobre su lado derecho para agarrarte de la mano. Sigue leyendo

Miedo y fe

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Soy cobarde. Lo digo sin pudor, también sin ningún alarde. Lo digo tranquila y convencida de que ser cobarde, igual que ser valiente o gilipollas, es posible solo a ratos.

No sé en qué momento uno empieza a tener miedo. No sé si esto importa demasiado, la verdad. El miedo es como los escalofríos, como pestañear, no conozco a nadie que no haya tenido al menos uno. Ese que no te define, el que no tienes reservas en verbalizar y el otro, el que sí parece decir algo de ti, y que se convierte en algo íntimo. Algo que se queda entre el miedo y tú. Sigue leyendo

Hacerse la rubia

Chimamanda Ngozi

“Enseñamos a los niños a tener miedo al miedo, a la debilidad y a la vulnerabilidad. Les enseñamos a ocultar quienes son realmente, porque tienen que ser, como se dice en Nigeria, hombres duros”-Chimamanda Ngozi Adiche.

Hace unos días, una mujer me contaba que le gusta que un tipo le abra la puerta. Se quedó un poco sorprendida cuando le pregunté por qué:

-Me gusta esa carrerita. Los dos pasos rápidos para ponerse delante de mí y dejarme pasar primero. ¿A ti, no?

-A mí no me molesta, pero no es algo que valore.

-Es un tema de educación.

-¿ Educación con las mujeres, los niños y los ancianos?

Nos reímos. No íbamos a ponernos de acuerdo, pero ese no es el motivo por el que dos entablan una conversación, así que seguimos. Hablábamos de la educación, de la igualdad. Le conté que en mi primer trabajo, un cliente llamó por teléfono enfadadísimo. Intenté calmarlo y pensar una solución rápida, pero no esperó. Páseme con su jefe. Le contesté que mi jefa estaba de baja maternal. Que me pase con su jefe hombre. Le dije que no tenía. ¡Cómo no va a tener usted un jefe hombre! Le mentí, claro. Siempre hay un hombre, y nos hemos acostumbrado tanto a que sea así, que todos damos por supuesto que no hay nada raro en ello. Sigue leyendo

La felicidad de lo inútil

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Paterson, de Jim Jarmusch

Estamos en la playa. Llevo unos vaqueros viejos, una sudadera y varias camisetas de manga larga, una sobre otra. Negro, blanco, gris. El pelo recogido, es un decir, este pelo nunca está recogido, en un moño alto. No sé que año es, solo sé que es junio y la playa se llena de olor a leña y sardinas. Bebemos estrellas mientras se hacen las brasas. Alguien cuenta una anécdota del colegio, cuando empezamos a ser adolescentes pero aún no lo sabíamos. Porque la mayoría de las cosas que un día somos, las somos sin ser conscientes. De repente, alguien pregunta para qué sirve mi idioma. Para qué tanto empeño en que los niños aprendan gallego, si cruzada Piedrafita no sirve para nada. Sigue leyendo

Escoge solo tres

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Me paso el día estableciendo prioridades. Listas de tareas que dejo para el día siguiente en la oficina, quedadas, visitas familiares, viajes. Luego se me van colando cosas que me desbaratan, folios y folios de empeño por poner orden entre lo que tengo y lo que quiero hacer. Sigue leyendo

Momentos

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Todo llega cuando tiene que llegar.

Hace unas semanas, vaciando las últimas cajas de la mudanza, encontré entre las páginas de un libro, un billete de autobús con fecha tres de julio de dos mil nueve.

Sin que el trayecto ni el destino tuviesen nada de especial, recuerdo perfectamente ese viaje. Era un fin de semana más, iba a  casa de mis padres y viajaba sola. Recuerdo que la batería de mi teléfono iba a tope, me llamó una amiga y la batería se agotó mucho antes de llegar al destino. El billete ha aparecido entre las páginas de Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio, de Alice Munro. Recuerdo hasta el motivo por el que compré ese libro. Había visto todas las películas de Isabel Coixet (las películas de esta mujer, igual que los museos, no son para el verano) y me fascinaba Sarah Polley.  En 2007 se estrenó como directora, en Lejos de ella. Sabía que el guión estaba basado en un cuento de Alice Munro, pero en ninguna parte encontré cuál era. Un día, mucho tiempo después, descubrí un libro de Munro con una pegatina en la portada: Incluye la historia que Sarah Polley ha adaptado a la gran pantalla. Aquello debió ser 2009, y yo me subí a aquel autobús con la intención de comenzar a leerlo, pero no lo hice. No lo hice ese día, ni al día siguiente. No lo hice tampoco en 2010. No lo he hecho, hasta hace un par de semanas. Sigue leyendo

Lo que ha dejado…enero

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Amy Adams y Tom Ford, en el rodaje de Nocturnal Animals.

No ha sido en enero, pero me puede el hecho de conservar el título de la ya sección intermitente. Realmente esta es una lista de lo que más me ha gustado en 2016. Parece que no tiene mucho sentido escribir una lista sobre lo que más me ha gustado de un año en marzo del año siguiente, pero a mí la vida no me llega para todo. No puedo salir de cañas, hacer deporte sin éxito, ir al cine o a un concierto, leer, escribir también sin éxito, dormir, trabajar y luego publicar una lista para dejar aquí lo mejor del año, puntualmente en enero. Tengo que elegir y me gusta mucho la cerveza. Sigue leyendo