La ciencia inexacta

«Juntas a dos personas que nunca habían estado juntas. A veces es como aquel primer intento de acoplar un globo de hidrógeno a otro de aire caliente: ¿prefieres estrellarte y arder o arder y estrellarte? Pero a veces funciona y se crea algo nuevo y el mundo cambia. Después, tarde o temprano, en algún momento, por alguna razón u otra, una de las dos desaparece. Y lo que desaparece es mayor que la suma de lo que había. Esto es quizá matemáticamente imposible, pero es emocionalmente posible.»

 

                                                                                                             ‘Niveles de vida’ de Julian Barnes

 

La canción que suena en casa.

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La luz distinta

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Tengo un amigo que siempre cuenta cómo supo que quería estar para siempre con su chica. Fue un domingo de febrero, llevaban meses quedando y en la tele ponían La caza del octubre rojo. Ella dijo: « me encantan las películas de submarinos». Dice que el clic sonó tan fuerte, que el vecino del quinto bajó a asegurarse de que todo estaba bien. Cinco años después, dejó a aquella chica.

En el cine o en la literatura, lo importante casi nunca es el final. Hay tramas que merece la pena vivir, leer, aunque uno ya sepa quién es el asesino o el muerto. De la vida todos conocemos el final, y eso es lo único que de verdad nos permite disfrutar del cuento. Sigue leyendo

Ajedrecistas de oficina

Anna

La mujer de la foto es Anna Muzychuk,  la actual campeona mundial de ajedrez. Hace unos días ha renunciado a participar en el campeonato  mundial que se celebra en Arabia Saudí, por una cuestión de principios. Se niega a ser considerada una persona de segunda debido al trato que las mujeres reciben en este país. No participarán ni ella, ni su hermana Marlya. Perderá dinero y es probable que también el título.

A mí la épica y la utopía, me parecen imprescindibles para vivir. Asumo la condena, no se preocupen, conozco los riesgos.  Soy simpatizante del Atlético de Madrid, fan hasta las trancas del Cholo y el Mono Burgos. Siempre creo que voy a ganar en el último minuto.  El gesto de Anna  y su hermana me emociona, lo aplaudo y es necesario para cambiar las cosas. Es necesario que haya más mujeres y hombres que antepongan sus principios a sus intereses económicos, educando juntos a sus hijos así. Hombres y mujeres despiertos, conscientes e implicados en la lucha por la igualdad. Sigue leyendo

La importancia de los espejos rotos

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En Cabo Polonio, en la costa uruguaya, hay un faro que ayuda a los caminantes a orientarse cuando se hace de noche. Cada doce segundos, la luz te permite intuir el camino y avanzar no más de diez o quince metros. Luego el faro deja de alumbrar y  tienes que elegir avanzar a tientas o quedarte quieto esperando.

La ausencia de luz hace que sea fácil perderse, pero lo mejor de tener que escucharlo todo, es que siempre puedes escuchar el sonido del mar. Aún perdido puedes dejarte guiar por su ruido y llegar a la playa en una de esas noches de mar de ardora. Las noctilucas llenan el agua salada de luz cuando llega la noche, y convierten las playas comunes en lugares distintos.

Todo esto lo sé porque me lo han contado o lo he leído, no he estado nunca en Uruguay. Tengo una guía de viaje que compré hace años y que releo de vez en cuando. Me compro guías de lugares a los que me gustaría ir. A algunos he ido, a otros aún no. También tengo dos ediciones preciosas de Charlie y la fábrica de Chocolate, de Roald Dahl.  No creo que a los niños uno deba decirles qué leer o qué ver, qué es lo bueno, pero sí poner a su alcance eso que para ti ha sido importante y que ellos juzguen si lo es o no para ellos. Educarlos libres, que sepan crearse un criterio propio y sean críticos con lo establecido. También guardo en casa varias copias de El Apartamento.

A Billy Wilder, el guión se le ocurrió viendo Breve encuentro ( David Lean, 1945). Así fue como comenzó a dibujar el personaje de Baxter, ese tipo solo en New York que alquila su apartamento a sus jefes para sus escarceos, mientras hace méritos para el ansiado ascenso. Un pobre diablo, incapaz de tomar decisiones o afrontar situaciones comprometidas, que trabaja en una de esas colmenas de oficinas en la que uno no es nadie, porque uno nunca lo es por lo que hace, ni por lo que tiene. Pero Baxter aún no sabe que lo único que brilla es lo que uno es. El resto, solo es ruido.

El guión es redondo, los actores están increíbles. Es imposible que Baxter, desesperado por ser feliz, no despierte ternura. Imposible no sentirse cerca de la señorita Kubelik, esa mujer enamorada del tipo equivocado que no deja de hacerse putadas a sí misma, tan acostumbrada a que no la quieran que es incapaz de irse. Siempre sonrío con ella en esa fiesta de fin de año, cuando el tipo le descubre que Baxter se ha negado a darle las llaves de su apartamento y se ha despedido. Esa escena preciosa entre villancicos en la que las dos sabemos que ha llegado el final, porque por fin sabe que ella es mucho mejor que cualquier despacho con vistas.

Dos personajes quietos asomándose al abismo, sintiéndose cada vez más solos sin ser capaces de jugar a su favor. Dos personajes rotos, como ese espejo que no les deja olvidar cómo se sienten. Dos que se han quedado quietos esperando a que terminen esos doce segundos de oscuridad.

Guardo varias copias en casa para cuando mis ahijados sean mayores, por si la vida se me cruza. Todo junto a la guía de Uruguay. Me gustaría que nos tirásemos a los pies de las alfombras y decirles que se fijen bien, que aunque parezca que a Baxter lo salva la señorita Kubelik no es del todo cierto. Tampoco a ella la salva él. Cada uno toma las riendas de su vida, lo hace solo, se salva solo, pero lo hace porque ambos saben que juntos son mejores. Así, tirados en la alfombra, hablaremos de la cantidad de cosas horribles que nos hacemos por no sentirnos solos, de los abismos a los que nos asomamos, de las camas en las que abrazamos las cucharas para ver si alguna encaja. Tirados en la alfombra con patatas fritas y las aceitunas que Mario odia, les diré que miren a Baxter y a la señorita Kubelik, cada uno cegado por el brillo de las luces de colores, el confeti, el papel satinado, los renos y los señores de rojo que jamás se deslizarán por el hueco de la chimenea. Les hablaré de la importancia de reconocerse en la imagen que devuelven los espejos, sobre todo los rotos.

Les contaré que en el Cabo Polonio hay un faro que cada doce segundos da luz, que yo he estado allí. Que cada uno tiene que salvarse solo y que a veces, solo a veces, uno encuentra a alguien que le hace ser mejor. Alguien que viene a hacer de una playa común, un lugar distinto repleto de noctilucas. Alguien también roto, al que empujar y que te empuja. Todo lo demás, es solo cine.

Hombres disidentes

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La sala es pequeña, así que he llegado pronto. Me he sentado en la quinta fila. Es un antigua costumbre de los años de facultad: ni demasiado cerca para sentirme observada, ni demasiado lejos para arriesgarme a que la miopía me impida perder detalle. Pasar desapercibida, algo que llevo toda la vida haciendo y aún no tengo claro, si hago porque soy así o porque así es como me han enseñado a ser. Sigue leyendo

Cosas de blancos

 

” La gente creía que mi madre estaba loca. Las pistas de hielo, los autocines y las zonas residenciales eran izinzo zabelunguz, cosas de blancos. Casi toda la gente negra había interiorizado la lógica del apartheid y la había hecho suya.  ¿Por qué enseñarle cosas de blancos a un niño negro?

Los vecinos y los parientes, no dejaban nunca en paz a mi madre.

-¿Por qué haces todo esto? ¿Por qué le enseñas el mundo si nunca va a salir del gueto?

-Pues porque aunque nunca salga del gueto -decía ella-, al menos sabrá que el gueto no es el mundo. Si solamente consigo eso, ya habré hecho suficiente.”

 

              ‘Prohibido nacer’, de Trevor Noah

 

La canción que suena en casa.

Haz lo que crees

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“Si no entiendo, si vuelvo sin entender

habré sabido qué cosa es no entender”

Alejandra Pizarnik

Si alguien me preguntase cuál ha sido el peor error que he cometido en mi vida,  creo que diría: haberme quedado demasiado tiempo. Esperar. Esperar en sí mismo, no tiene nada de malo. Las cosas no suelen ser buenas o malas hasta que no tienen consecuencias. El resultado, fue lo que hizo de mi espera un error. Sigue leyendo

Frida y yo

Verano 1993

Fotograma de Verano 1993

Hay un momento en el duelo de un adulto, en el que uno tiene que permitirse dejar de sufrir. Parece lógico tratar de desprenderse del dolor, sea el que sea,  pero no siempre la mente escoge ser práctica. En ese momento, dejar de sufrir es sinónimo de olvidar, permitir que se desdibujen los recuerdos y asumir la pérdida como definitiva. El dolor es lo único que parece recordar el amor que hubo, el que aún hay,  y desenredar ese nudo es hacer de la nueva vida casi una traición. Sigue leyendo

Pensamiento crítico

 

«Creemos al que tiene el poder. Él es quien consigue escribir su historia. Por eso cuando estudian historia, siempre deben preguntarse: “¿Cuál es la versión que no me han contado? ¿Qué voz se ha silenciado para que ésta se oyese? »

 

‘Volver a casa’, de Yaa Gyasi

La canción que suena en casa.

 

 

Formar parte de alguien

El principio de un mundo

 

Llegaron hace un par de semanas. Yo arrastraba las bolsas de la compra hasta el cuarto y la encontré sentada en el descansillo. Lo peor son las escaleras, me presenté. La puerta se había cerrado, con las llaves dentro, y esperaba al cerrajero. La invité a pasar y saqué dos cervezas de la nevera. Hablamos de los no muebles de nuestras casas, del colchón hinchable de los primeros días, de su primera vez en la ciudad y del calor que había llegado, un mes que ya nadie esperaba. Sigue leyendo