Hombres disidentes

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La sala es pequeña, así que he llegado pronto. Me he sentado en la quinta fila. Es un antigua costumbre de los años de facultad: ni demasiado cerca para sentirme observada, ni demasiado lejos para arriesgarme a que la miopía me impida perder detalle. Pasar desapercibida, algo que llevo toda la vida haciendo y aún no tengo claro, si hago porque soy así o porque así es como me han enseñado a ser. Sigue leyendo

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El pasado es como el polvo

« Hay pasado en todas partes. El pasado está posado sobre nosotros como el polvo sobre los muebles. Hay pasado en el presente y hay pasado en el futuro. Impregnado, agarrado, diluido, difuminado, mezclado, empastado, desenfocado. Hay pasado en el recuerdo, en el gesto, en los rasgos, en las frases por decir, en las soluciones. Hay pasado en la imaginación, que a veces es un proyector de experiencias vividas. Hay pasado en los pasos por dar, en la carrera por delante., en la mirada, en el cuento, en el invierno, en los sabores. Las canciones están hechas de pasado. No hay canciones futuristas, es un arte sin ciencia ficción. Hay pasado en las pasiones, en la desdicha, en los sueños. Hay pasado en el porvenir, en los planes de futuro y hasta en las hipotecas. Hay pasado en tus hijos, en tus nietos, en sus gestos, en sus nombres. Hay pasado en la calle de tu ciudad, en las afueras, hay pasado en cada persona, incluso en las que no han nacido aún.

Del pasado se huye, pero se regresa para buscar resguardo, en un movimiento contradictorio. El pasado es nuestro futuro.»

 

‘Tierra de campos’, de David Trueba.

Y la canción que suena en casa.

La felicidad de lo inútil

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Paterson, de Jim Jarmusch

Estamos en la playa. Llevo unos vaqueros viejos, una sudadera y varias camisetas de manga larga, una sobre otra. Negro, blanco, gris. El pelo recogido, es un decir, este pelo nunca está recogido, en un moño alto. No sé que año es, solo sé que es junio y la playa se llena de olor a leña y sardinas. Bebemos estrellas mientras se hacen las brasas. Alguien cuenta una anécdota del colegio, cuando empezamos a ser adolescentes pero aún no lo sabíamos. Porque la mayoría de las cosas que un día somos, las somos sin ser conscientes. De repente, alguien pregunta para qué sirve mi idioma. Para qué tanto empeño en que los niños aprendan gallego, si cruzada Piedrafita no sirve para nada. Sigue leyendo

Escoge solo tres

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Me paso el día estableciendo prioridades. Listas de tareas que dejo para el día siguiente en la oficina, quedadas, visitas familiares, viajes. Luego se me van colando cosas que me desbaratan, folios y folios de empeño por poner orden entre lo que tengo y lo que quiero hacer. Sigue leyendo

Al menos, que la risa sea nuestra

Que la risa sea nuestra

Nos reímos. Lo hacemos juntos porque, a diferencia del llanto, la risa parece necesitar de al menos dos. Nos reímos porque es necesario sobrevivir a las portadas de los periódicos, porque hay que aflojar una realidad que, de no hacerlo, ahoga.

Nos reímos y la risa libera endorfinas en el cerebro, con un efecto parecido al de la morfina. Quizás la risa sea ese medicamento natural que el cuerpo segrega cuando lo que duele no es algo físico. Quizás por eso, cada vez que nos hacemos mayores, nos reímos menos pero lo necesitamos más. Sigue leyendo

Lo que duran cinco minutos.

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Las playas vacías al atardecer, siempre.

He vuelto a correr. Desde mayo no había vuelto a calzarme las bambas. Lo intenté dos veces desde que anunciaron las salidas en mi empresa pero no pude. Algo en esta cabecita que no consigo parar demasiado a menudo, me paraba en seco. No tenía nada que ver con mis piernas. Ellas iban por otro lado, pero mi cabeza les decía hasta aquí. Miraba la aplicación que un día instalé en mi teléfono para animarme a cumplir mi reto. Cinco minutos. ¿Cómo?¿ Solo ? Sigue leyendo