Lo que ves no existe

 

El mago escribe algo en un papel. Lo dobla en tres o cuatro partes, y se lo entrega. Dime el primer nombre que se te pase por la cabeza. Ella se queda callada unos segundos. Dice Bruna. Él ladea la cabeza. Dice que es un nombre poco común. Ella dice que sí,  que es poco común. Es uno de los primeros nombres que recuerda, el reflejo de un vínculo roto demasiado pronto. Él hace ese gesto que la autoriza a leer el papel. Ella obedece. Repite no me lo puedo creer y enseña la palabra Bruna escrita en tinta azul. El mago se lleva un dedo a la sien, mira a la cámara: «Recuerden: todo lo que han visto es producto de su imaginación».

Aún no habíamos sentido el vértigo del cambio de milenio, no nos habíamos enamorado. Todavía buscábamos futuros en los horóscopos y creíamos que la casualidad siempre tenía un porqué. Teníamos edad para tener los mismos amigos de siempre, ni uno más, cuando el mago, aquel tipo de  nombre extranjero pero de aquí, vestido con un impecable traje oscuro, nos coló el primer truco. Sigue leyendo

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Haz lo que crees

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“Si no entiendo, si vuelvo sin entender

habré sabido qué cosa es no entender”

Alejandra Pizarnik

Si alguien me preguntase cuál ha sido el peor error que he cometido en mi vida,  creo que diría: haberme quedado demasiado tiempo. Esperar. Esperar en sí mismo, no tiene nada de malo. Las cosas no suelen ser buenas o malas hasta que no tienen consecuencias. Sigue leyendo

Frida y yo

Verano 1993

Fotograma de Verano 1993

Hay un momento en el duelo de un adulto, en el que uno tiene que permitirse dejar de sufrir. Parece lógico tratar de desprenderse del dolor, sea el que sea,  pero no siempre la mente escoge ser práctica. En ese momento, dejar de sufrir es sinónimo de olvidar, permitir que se desdibujen los recuerdos y asumir la pérdida como definitiva. El dolor es lo único que parece recordar el amor que hubo, el que aún hay,  y desenredar ese nudo es hacer de la nueva vida casi una traición. Sigue leyendo

Echar agua al champú

Carver y Tess

Tess Gallagher y Raymond Carver

Llega apurado. Sé que es él porque ella ha agitado el brazo, y camina hacia su mesa. La besa y se queja del tráfico. El camarero trae una cerveza. Él le cuenta algo de una reunión que ha tenido hoy, ella no aparta la mirada del teléfono. Teclea mientras él le pregunta si ha ido a recoger algo que no consigo escuchar. Ella contesta no, me he olvidado. Él se queja y le recuerda que lo necesita, así que si se va a olvidar también mañana que lo avise e irá él.  Entonces ella deja el teléfono en la mesa y le cuenta que una amiga se muda a otra ciudad. Hablan de la vida de otros. No se oyen truenos. Sigue leyendo

Miedo y fe

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Soy cobarde. Lo digo sin pudor, también sin ningún alarde. Lo digo tranquila y convencida de que ser cobarde, igual que ser valiente o gilipollas, es posible solo a ratos.

No sé en qué momento uno empieza a tener miedo. No sé si esto importa demasiado, la verdad. El miedo es como los escalofríos, como pestañear, no conozco a nadie que no haya tenido al menos uno. Ese que no te define, el que no tienes reservas en verbalizar y el otro, el que sí parece decir algo de ti, y que se convierte en algo íntimo. Algo que se queda entre el miedo y tú. Sigue leyendo

Nos queda todo

Nos queda todo

Nos queda todo

Él la busca en la cama y le susurra: « Qué sorte tiven o atoparte, morena». A ella se le descuelga esa mirada tierna que últimamente le cubre los ojos, y lo besa en la boca despacio. No le dice, yo también. Quizás a ella se le hace más difícil recordar sin que le duela. Ha sufrido como solo sabe hacerlo ella. No por ser mujer, ni siquiera por ser quien es. Sufrió porque nunca supo que podía vivir de otro modo. Por su capacidad infinita para que lo que tiene que doler, la torture hasta el extremo. Sigue leyendo

Heridas

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“Con tristeza, me dices

que el abuelo

ha vuelto a cortarse

al pelar la manzana.

Y la vida es más vida así, con miedo y con un pulso entrecortado”.

Sara Herrera Peralta

Tengo una cicatriz de seis puntos en la rodilla izquierda, que me acompaña desde los seis y otra en la planta del pie, que cumplió quince años este verano, de madrugada. En la rodilla derecha una marca me recuerda una mal paso, un domingo por la mañana. Sigue leyendo

La niebla

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“Yo era primero y estaba equivocado, y lo prefiero a ser segundo y acertar.”  Iván Ferreiro.

Tuve un profesor en la autoescuela, que siempre decía que había tres fenómenos críticos para la conducción: la primera lluvia sobre el asfalto seco, el  momento en que empezaba a nevar y la niebla. Sobre todo la niebla, decía.

La niebla oculta el camino, también las curvas hasta que ya estás en ellas. La niebla baja cubre las copas de los árboles, para que tengas que adivinar la altura mirando solo el tronco; hace desaparecer edificios y puentes. La niebla que entra del mar, transforma las playas de ciudad en desiertos de arena urbanos. Diluye las verdaderas formas de las cosas, hace que tengas que intuir porque no puedes ver. Sigue leyendo

Campos de tierra

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Esta semana leí en EL MUNDO un artículo sobre cómo Unicef ensaya, en Sudán del Sur, un programa de fútbol que, además de tratar de trasladar los odios y rivalidades del país solo a los terrenos de juego, les permite hacer un censo de niños escolarizados, de manera que se mitigue así el tráfico de menores, común en el país desde que surgió el conflicto armado.

El día de la final del torneo, todo lo poco que tenían los chicos se lo gastaron en peluqueros. Hasta seis saltaron al campo del Centro de Protección de Civiles descalzos, con las sandalias de plástico en la mano para no perderlas  y con las equipaciones hechas trizas, pero peinados como Balotelli. Sigue leyendo

Sal y disfruta.

Sal y disfruta

Fue en Wembley, el 20 de mayo de 1992. El Barça jugaba la final de la Copa de Europa, él miró al vestuario y les vio nerviosos, sobrepasados por la cita. No era un partido cualquiera, era una final. La que luego sería su primera Copa de Europa, pero eso nadie lo sabe ni tampoco debería saberlo antes del final de cualquier partido. Sigue leyendo