El 8 de Marzo, yo paro

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Hace unos años, cuando alguien me preguntaba cuáles eran tres de mis escritores favoritos, tres pintores, tres fotógrafos. Dime tres altos cargos de empresas en las que hayas trabajado y a los que admires, tres científicos, tres deportistas, tres cocineros, tres periodistas, los primeros nombres que decía siempre eran hombres. ¿Por qué?

Lo primero, en aquel momento, fue pensar que esos tipos, que quizás sean los que más venden, los que más premios y reconocimiento han recibido, están ahí porque son los mejores. Esta asociación a lo Mr. Wonderful,  es una de las mayores trampas de la historia del consumo. Siempre hay alguien que decide, qué es lo bueno para ti y lo pone en una estantería, elige antes de que lo hagas tú. En un mundo que siempre ha estado dominado por hombres, y en los que las mujeres han tenido que despertarse a sí mismas, hacerse muchas preguntas y gritar para decir qué vida querían mientras ellos desarrollaban sus carreras profesionales, esa asociación del éxito a lo masculino es también una de las falacias que más ha condenado a las mujeres en el terreno profesional. Hombres y mujeres no venimos del mismo contexto histórico, no hemos tenido los mismos derechos, las mismas oportunidades, parece ridículo valorar la calidad, el éxito, solo mirando la línea de meta. Sigue leyendo

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Hacerse la rubia

Chimamanda Ngozi

“Enseñamos a los niños a tener miedo al miedo, a la debilidad y a la vulnerabilidad. Les enseñamos a ocultar quienes son realmente, porque tienen que ser, como se dice en Nigeria, hombres duros”-Chimamanda Ngozi Adiche.

Hace unos días, una mujer me contaba que le gusta que un tipo le abra la puerta. Se quedó un poco sorprendida cuando le pregunté por qué:

-Me gusta esa carrerita. Los dos pasos rápidos para ponerse delante de mí y dejarme pasar primero. ¿A ti, no?

-A mí no me molesta, pero no es algo que valore.

-Es un tema de educación.

-¿ Educación con las mujeres, los niños y los ancianos?

Nos reímos. No íbamos a ponernos de acuerdo, pero ese no es el motivo por el que dos entablan una conversación, así que seguimos. Hablábamos de la educación, de la igualdad. Le conté que en mi primer trabajo, un cliente llamó por teléfono enfadadísimo. Intenté calmarlo y pensar una solución rápida, pero no esperó. Páseme con su jefe. Le contesté que mi jefa estaba de baja maternal. Que me pase con su jefe hombre. Le dije que no tenía. ¡Cómo no va a tener usted un jefe hombre! Le mentí, claro. Siempre hay un hombre, y nos hemos acostumbrado tanto a que sea así, que todos damos por supuesto que no hay nada raro en ello. Sigue leyendo

La libertad no se mide en metros de tela

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No te vas a creer lo que he soñado para terminar el año. Pues resulta que una cadena de televisión privada, no en Rusia, ni en Estados Unidos, ni en un país remoto del que no conoces su capital, aquí en España. Un canal daba bombo y platillo a la vestimenta de una presentadora en prime time. La cubría con una capa, y mientras millones de españoles esperaban, atendiendo a la expectación generada en los últimos meses en las redes, su compañero le quitaba la capa para dejar al descubierto la escasa tela y su maravilloso cuerpo cubierto de estrellas minúsculas y transparencias mientras daban la bienvenida no a 1967, ni siquiera a 1987, sino a 2017. Sigue leyendo

Lobos y mujeres de lobo

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A Pepe su novia le ha dejado. No significa nada, antes él dejó a otras que fueron sus novias y tampoco significó nada. Pepe tiene cuarenta y uno. Juana, su ya ex, tiene casicuarenta. Un día se levantó y le dijo que se había acabado. Habían follado la noche anterior y a la hora del desayuno, Juana le dijo que ya no podían seguir así. Se acabó. Pepe se lo cuenta a  Paco y compañía. Qué puta loca. O sea, que follasteis la noche anterior y se levanta y te deja.  No cabrona, no perraca. No, no. Loca, dramática, histérica o exagerada. Depende del jardín y del barro. Sigue leyendo

Cumplir las normas

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Uno de los recuerdos que guardo intactos, es la muerte de mi abuelo. Murió diez días antes de que naciese mi hermano. Yo tenía siete años.

Recuerdo llegar a casa después después del entierro, es la única vez que he visto llorar a mi padre. Recuerdo las sillas dispuestas contra la pared, haciendo un círculo en el salón. Recuerdo ser una niña y no encender la tele, no porque alguien dijese que no podía hacerlo sino porque sentía que el silencio era demasiado serio como para romperlo. Recuerdo que esa tarde la abuela me explicó cómo se formaban las estrellas. En la cocina de su casa, mientras me hacía un bocadillo de Nocilla como si fuese un día de fiesta, me explicó lo importante que era para los barcos que el cielo no se apagase.  Me dijo que ahora el abuelo era una estrella, que había tenido que irse rápido para que un barco pudiese llegar a puerto, y que  si lo echaba de menos no tenía más que decírselo y las dos esperaríamos a que se hiciese de noche para ver la primera que iluminase el cielo. No me dijo que ella también sería un día estrella y que yo suspendería Astronomía en la facultad. Sigue leyendo

Lo normal

Equilibrios sobre el miedo

Fotografía de Margarita Gutiérrez Romero.

Superprimo y yo, nos turnábamos para dormir en casa de la abuela. Ella no quería dejar su casa, y a mi madre y mi tía les preocupaba que durmiese sola, así que Superprimo ocupaba el otoño-invierno y al llegar la primavera, cogía yo el relevo.

Cuando cumplí dieciséis años, la abuela empezó a tener más miedo conmigo que sola. “Se entran na casa e lle fan algo a nena, non mo perdono na vida”. Eso fue lo que hizo que accediese a venir a dormir a casa. Compartimos mi habitación durante unos años, los años en que yo empezaba a salir de noche, y siempre me la encontraba haciéndose la dormida en la cama de al lado. Sigue leyendo

Hombres que abrazan por la espalda

Algunas de las escenas que más me gustan del cine son solo imágenes acompañadas de música, sin una sola palabra. Como el final de Cinema ParadisoIo sono l’amore donde Emma, en su frenética carrera por salir de esa casa y huir de una vida que no es la suya, se detiene ante su hija hasta que ella mueve suavemente la cabeza dando su aprobación.

Una de mis favoritas, es esa escena de Drive en la que Ryan Gosling hace ese gesto con el brazo, y pone su cuerpo delante del de Carey Mulligan, cuando ve el peligro en ese ascensor. Solo es un gesto sí, pero poco más con menos. Como esos abrazos por la espalda, sin que el peligro sea ni siquiera imaginable.

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Lo que os importa una teta.

Miroslav Tichy

Fotografía de Miroslav Tichy

Me gusta la ropa. Vestirme es para mí una manera de reflejar mi estado de ánimo. Me divierte, es como un baile de disfraces de mí misma al que lo único que le falta son más armarios, un zapatero más grande o más ocasiones para ponerme eso que me he comprado no sé cuando para un por si acaso.

Me visto en función de cómo me siento. A veces más fuerte, más segura y otras como una niña. Unos días más poderosa con diez centímetros en los tacones, otros en cambio me gustaría ser  invisible y poder hacerlo todo, sin interactuar con ningún otro mortal. Soy todas esas cosas e incluso puedo serlas todas en el mismo día. Sigue leyendo