Versiones

 

«Tenemos varios yoes dentro y lo que somos depende, más de lo que parece, del compañero de viaje que nos hemos buscado; nos amoldamos a sus costumbres sin darnos cuenta de que dejamos atrás versiones de uno mismo que quizás otra pareja habría sabido despertar. Supongo que las relaciones que funcionan son las que consiguen sacarnos el mejor yo, o en todo caso, el que hace que nos sintamos más plenos.»

 

      El cielo según Google, Marta Carnicero.

Y la canción que suena en casa.

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« Cuando eres joven -cuando yo era joven- quieres que tus emociones sean como las que se contaban en los libros. Quieres que te trastoquen la vida, que creen y definan una realidad nueva. Más tarde, creo, quieres de ellas algo más tenue, más práctico: quieres que sostengan tu vida tal como es y ha llegado a ser. Quieres que te digan que las cosas están bien. ¿Y qué hay de malo en eso? »

 

El sentido de un final, Julian Barnes.

 

La canción que suena en casa.

Lo imposible

“Era imposible olvidar a Marcel. Pero aprendí a convertirlo en nostalgia y no en amenaza. Son decisiones más o menos inconscientes; adónde relegas los amores imposibles. Cuando entiendes que seguirán siempre ahí- que por más personas que conozcas y por bellas que sean, y por muy bien que os llevéis, no volverás a sentir que el universo se creó para que Marcel y tú os conocierais-, adoptas esa herida como quien acepta que tiene un soplo en el corazón. Por lo general, no dará problemas, pero ahí está, y mejor si te cuidas.”

 

‘Las posesiones’, LLucia Ramis

 

La canción que suena en casa.

Lo contrario

«En relación con la educación de los hijos, pienso que se les debe enseñar, no las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia respecto al dinero; no la prudencia, sino el valor y el desprecio del peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor a la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber. Solemos hacer, sin embargo, lo contrario: nos apresuramos a enseñar el respeto por las pequeñas virtudes, basando en ellas todo nuestro sistema educativo. Elegimos, de este modo, el camino más cómodo; porque las pequeñas virtudes no encierran ningún peligro material, antes bien, resguardan de los golpes de la fortuna. Olvidamos enseñarles las grandes virtudes y, no obstante, las amamos, y queremos que nuestros hijos las tengan; pero confiamos en que broten espontáneamente de su ánimo, algún día futuro, considerándolas de naturaleza instintiva, mientras que las otras, las pequeñas, nos parecen el fruto de una reflexión y de un cálculo, y, por eso, pensamos que deben ser absolutamente enseñadas. »

    ‘Las pequeñas virtudes’, de Natalia Ginzburg

La canción que suena en casa.

 

La ciencia inexacta

«Juntas a dos personas que nunca habían estado juntas. A veces es como aquel primer intento de acoplar un globo de hidrógeno a otro de aire caliente: ¿prefieres estrellarte y arder o arder y estrellarte? Pero a veces funciona y se crea algo nuevo y el mundo cambia. Después, tarde o temprano, en algún momento, por alguna razón u otra, una de las dos desaparece. Y lo que desaparece es mayor que la suma de lo que había. Esto es quizá matemáticamente imposible, pero es emocionalmente posible.»

 

                                                                                                             ‘Niveles de vida’ de Julian Barnes

 

La canción que suena en casa.

Cosas de blancos

 

” La gente creía que mi madre estaba loca. Las pistas de hielo, los autocines y las zonas residenciales eran izinzo zabelunguz, cosas de blancos. Casi toda la gente negra había interiorizado la lógica del apartheid y la había hecho suya.  ¿Por qué enseñarle cosas de blancos a un niño negro?

Los vecinos y los parientes, no dejaban nunca en paz a mi madre.

-¿Por qué haces todo esto? ¿Por qué le enseñas el mundo si nunca va a salir del gueto?

-Pues porque aunque nunca salga del gueto -decía ella-, al menos sabrá que el gueto no es el mundo. Si solamente consigo eso, ya habré hecho suficiente.”

 

              ‘Prohibido nacer’, de Trevor Noah

 

La canción que suena en casa.

Pensamiento crítico

 

«Creemos al que tiene el poder. Él es quien consigue escribir su historia. Por eso cuando estudian historia, siempre deben preguntarse: “¿Cuál es la versión que no me han contado? ¿Qué voz se ha silenciado para que ésta se oyese? »

 

‘Volver a casa’, de Yaa Gyasi

La canción que suena en casa.

 

 

Amor no romántico

« — Eres una ingenua- dijo Joe suavemente-. Con todo lo que sabes, y aún no sabes que se trata de una relación antagónica. No existe la amistad en el amor.

 — Rechazo esa definición-dije-. La rechazo de pleno. Si el amor es sólo un vínculo romántico, que le den.

 — Eres una cría- dijo Joe-. El amor no es más que eso. No hay vuelta de hoja.

— Pues pasaré sin él- dije-. Así no puedo vivir. »

 

      ‘Apegos feroces’, de Vivian Gornick.

 

Y la canción que suena en casa.

El pasado es como el polvo

« Hay pasado en todas partes. El pasado está posado sobre nosotros como el polvo sobre los muebles. Hay pasado en el presente y hay pasado en el futuro. Impregnado, agarrado, diluido, difuminado, mezclado, empastado, desenfocado. Hay pasado en el recuerdo, en el gesto, en los rasgos, en las frases por decir, en las soluciones. Hay pasado en la imaginación, que a veces es un proyector de experiencias vividas. Hay pasado en los pasos por dar, en la carrera por delante., en la mirada, en el cuento, en el invierno, en los sabores. Las canciones están hechas de pasado. No hay canciones futuristas, es un arte sin ciencia ficción. Hay pasado en las pasiones, en la desdicha, en los sueños. Hay pasado en el porvenir, en los planes de futuro y hasta en las hipotecas. Hay pasado en tus hijos, en tus nietos, en sus gestos, en sus nombres. Hay pasado en la calle de tu ciudad, en las afueras, hay pasado en cada persona, incluso en las que no han nacido aún.

Del pasado se huye, pero se regresa para buscar resguardo, en un movimiento contradictorio. El pasado es nuestro futuro.»

 

‘Tierra de campos’, de David Trueba.

Y la canción que suena en casa.

Monstruo bicéfalo

« Me tranquilizaba sentir que había una parte de mi cerebro que no compartía con vos. Necesitaba mi cono de sombra, mi traba en la puerta, mi intimidad, aunque solo fuera para estar en silencio. Siempre me aterra esa cosa siamesa de las parejas: opinan lo mismo, comen lo mismo, se emborrachan a la par, como si compartieran el torrente sanguíneo. Debe haber un resultado químico de nivelación después de años de mantener esa coreografía constante. Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así? Te volvés simétrico con el otro, los metabolismos se sincronizan, funcionás en espejo; un ser binario con un solo de seo. Y el hijo llega para envolver ese abrazo y sellarlos con un lazo eterno. Es pura asfixia la idea»

 

‘La uruguaya’, de Pedro Mairal

 

Y la canción que suena en casa.