Haz lo que crees

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“Si no entiendo, si vuelvo sin entender

habré sabido qué cosa es no entender”

Alejandra Pizarnik

Si alguien me preguntase cuál ha sido el peor error que he cometido en mi vida,  creo que diría: haberme quedado demasiado tiempo. Esperar. Esperar en sí mismo, no tiene nada de malo. Las cosas no suelen ser buenas o malas hasta que no tienen consecuencias. Sigue leyendo

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Aprender a follar

 

Libros

“Hay algunos libros, pocos, que son como los seres humanos, inacabables. No nos aburrimos de las personas porque en realidad nunca las conocemos del todo, nos dejan de gustar, que es mucho peor”- Milena Busquets

Hace años lo hacía del tirón,  no me permitía siquiera un mimadriña esto es infumable. Nunca lo hacía en la cama, me parecía un acto de respeto hacia el autor. Por aquel entonces solo iba a la cama, a dormir o a follar. Para leer elegía un viaje en tren, una playa o un banco.  Aún me encanta hacerlo en los trenes, prefiero los trenes a los parques, pero cada vez me gusta más la cama. Sigue leyendo

Escoge solo tres

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Me paso el día estableciendo prioridades. Listas de tareas que dejo para el día siguiente en la oficina, quedadas, visitas familiares, viajes. Luego se me van colando cosas que me desbaratan, folios y folios de empeño por poner orden entre lo que tengo y lo que quiero hacer. Sigue leyendo

Patios de luces

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Durante años, en septiembre, mi madre y yo viajábamos juntas a Madrid.  Nos quedábamos a dormir en casa de la tía Manuela, cerca de la calle Orense. El edificio es una mole gris y sobria de no más de seis alturas, que ocupa toda la manzana. Quizás no sea así, pero así es como lo recuerdo. Es uno de esos edificios antiguos destinados a las familias de militares, con un ascensor de puerta de rejas  y un portero gordecho y sonriente, que subía los tres escalones cargado con nuestras bolsas de viaje. Lo único que recuerdo con detalle de aquella casa, son los ruidos que llegaban del patio de manzana, mientras la tía preparaba la cena. Yo era una mincha,  y aquellos ruidos me maravillaban. Me acercaba a la ventana, retiraba la cortina y me inventaba la vida de aquella gente. Oía freírse el aceite y el ajo, veía los delantales moverse ágiles por las cocinas mientras centelleaban los televisores del salón. Sigue leyendo

El postureo de la fruta

las-motas-de-la-frutaPuerta con mi portal, hay uno de esos ultramarinos de aire vintage que hacen las delicias de los modernos de ciudad. Es una tienda preciosa, con estanterías al techo y baldas de madera sujetas con hierro forjado frente al mostrador principal. Al fondo dos mesas vetustas, recogen frutas y verduras fresquísimas en bonitas cestas de mimbre,  que los dueños descargan cuando nos encontramos antes de que salga el sol.

En el escaparate un bodegón de  manzanas del verde más verde, fresas de un brillante rojo en enero,  caquis del mejor naranja. Me paro frente a él un par de veces al día, con la misma sensación que cuando me presentan a esas personas rectas, sin vicios, o cuando conozco a alguien que siempre parece feliz. Dónde están las motas en la fruta, dónde van a parar las frutas magulladas al carse del árbol. Dónde está la tierra en las lechugas o los puerros. Por qué nos empeñamos en que todo parezca lo que no es. Sigue leyendo

Aunque a veces duela

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A veces me siento frente al ordenador sin saber bien qué es lo quiero decir.  Hoy tengo una idea de lo que quiero contarte, pero no tengo claro si lo que saldrá de aquí será eso exactamente.

Hace unos días, un amigo me envió por mail un vídeo que corre por las redes y que ha impulsado la Generación 2015. Es uno de esos que tocan la patata en estas fechas, pero que en enero, por suerte,  ya se nos habrá olvidado. No sé si podría vivir siempre subida al alambre, pensando en si esa es la última vez que veré a alguien o dónde estará ese cuerpo, o el mío, por estas fechas el año que viene. El vídeo, que seguro has visto, pregunta qué regalarías a esas personas que son tu red de seguridad, un par , quizá tres, y qué otra si supieses que estas son sus últimas navidades. Sigue leyendo

Las manos de mi padre

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Es un día de invierno y voy agarrada de la mano de mi padre. Llueve y lleva unos botines de color marrón con cordones. Tiene los pies enormes y es altísimo porque tengo que levantar la mirada y echar hacia atrás la cabeza un montón para poder verle la cara, mientras me explica algo que no recuerdo. Mi padre mide 1’68. Yo tengo seis años.

No recuerdo adónde vamos. Es de noche pero no demasiado, así que quizás vayamos a recoger a mi madre a la tienda para luego subir la calle los tres juntos. Algo que mi padre y yo, luego también mi hermano, haremos en invierno un montón de veces hasta que mi madre se jubile. A mi padre, las vacaciones siempre se las ha dado el clima así que en invierno las jornadas laborales eran más cortas y hacíamos familia, que dice él. Creo que por eso siempre le ha gustado tanto el invierno. Las vacaciones que él no se permitía, se las traía diciembre. Lo más lejos que viajó mi padre antes de casarse fue a doscientos kilómetros de casa, el año que hizo la mili en A Coruña. Nunca fuimos de vacaciones juntos, hasta que yo empecé a trabajar. Siempre he creído que ese fue el momento en el que él comenzó a respirar más tranquilo. Ya había estudiado a un hijo, ya podía disfrutar un poco. Sigue leyendo

La vida sensible

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Algunas de las personas a las que más respeto, no puedo tocarlas. A otras, ni siquiera las conozco. No puedo hacerles preguntas, ni mirarlas a los ojos.

En estos días de titulares, gente reunida vendiendo humo, en los días del desgobierno yo reivindico el valor de lo sensible. El valor de gente que sin vicepresidencias, sin cargos imputados en sus listas, sin miradas al tiro de cámara, hace del cambio social una realidad más que latente. Valientes que miran a los lados para decidir en función de lo que creen les reportará más bienestar emocional, y será testamento vital para la siguiente generación. Sigue leyendo

Los alfileres de la felicidad

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«¿Así? Qué te parece. Te quito este trozo y te dejo tres centímetros de bajo por si las moscas». Pone un alfiler aquí, otro allí y me gira para que me mire en un espejo grande. El taller está en el salón de su casa y desde la cocina llega el olor a aceite friendo ajo. Quizás esté friendo conejo para luego guisarlo con patatas, zanahoria y champiñones. Todo así muy menudito para que la zanahoria casi no se aprecie. Casiodio la zanahoria. Sigue leyendo

Hoy no, mejor otro día.

Salto al vacío by Yves Klein
Salto al vacío by Yves Klein
“Te imagino dejando que pasen las horas sentado en la misma cama. Mirando la televisión sin mover un dedo, solo por curiosidad de saber qué hace el tiempo con uno, cuando uno no hace nada con el tiempo”- Tokio ya no nos quiere, Ray Loriga.

Te sientas a su lado, igual que las últimas 1537 noches .Ella se acerca a tu pecho y tu levantas el brazo, para que apoye la cabeza en tu hombro, como en un acto reflejo. Hace tiempo que la ves pero no la miras. Hace tiempo que no hacéis el amor y ya ni te acuerdas la última vez que follasteis. Ya no recuerdas la última vez que pensaste en ella cuando no está.

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